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Revista Latitud 21
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Nihilismo Corporativo

por NellyG 1 julio, 2026

 

 

Para generar una planeación estratégica congruente entre la situación actual de la empresa, y las aspiraciones de sus accionistas, se debe considerar como base su misión, visión y valores, los cuales son conceptos que —desde mi punto de vista— se han deteriorado por el uso casual de los mismos y por la concepción de que son prácticamente un requisito a dejar fuera del camino, o bien, se construyen bajo la reflexión privada de que no va a tener implicaciones directas sobre el desarrollo del negocio; que, a lo mucho, serán un complemento enmarcado en las salas de juntas y harán ver a la empresa más seria e institucional.

La misión de una empresa debe de ser clara, incluir una métrica y un motivo. El escritor Donald Miller lo resume en el siguiente modelo: Lograremos X, al hacer Y por el motivo Z, y lo más importante es que debe invitar a la acción. Dicho de otra manera, los miembros de tu equipo deben de poder identificarse con la misión en sus actividades diarias y tener claro que todo lo que ejecutan como parte de su rol influye a que la misión se lleve a cabo.

Existe un incentivo psicológico hacia mantener una misión ambigua, poco específica y difícil de medir dentro de las organizaciones —incluso a nivel personal— porque te otorga la ventaja de no tener claro si lograste o no el objetivo. Es decir, como decía el psicólogo Jordan Peterson, mantener una meta ambigua te sitúa en una posición más cómoda al no cumplirla, la falta de claridad en tu objetivo cubre la falta de calidad de tu resultado. De alguna manera, es permanecer dentro de la zona de confort el no tener claro si cumpliste la meta. Traducido a una empresa: no tener una misión clara que refleje el nivel de ambición de los accionistas es una especie de falta de valentía — por decir lo menos — y llevará a toda la organización a un estado que denomino como nihilismo corporativo, que se puede ejemplificar como la existencia de la siguiente reflexión en la mente de los miembros de la empresa: “haga o no haga, logre o no logre, mi situación en la empresa no cambia”, que a su vez se puede subtitular como “lo que haga o deje de hacer en la empresa, carece de significado”. Salir de este estado es un nudo muy complicado de deshacer y requiere libros al respecto, pero lo que sí puedo resumir, es que el riesgo de que no logren las metas anuales derivado de que los ejecutivos clave se encuentren en este estado es muy alto.

Parte de la solución es confiar en una planificación estratégica que realmente transmita la Misión del negocio y que sea lo suficientemente seductora para que todos los colaboradores se involucren y se “suban al barco” para lograr los objetivos deseados. Además, lograr tener un equipo comprometido a bordo es un lujo —básicamente— que no todos los negocios pueden tener, pero la probabilidad de obtenerlo dado que exista una Misión clara es muy superior a la alternativa.

Al final, pienso que como seres humanos a todos nos cautiva una buena historia, una trama bien planteada en donde nuestra próxima decisión forme parte del desenlace, que lleve implícito un riesgo y a su vez una oportunidad. No es coincidencia que los grandes líderes que han cambiado el paradigma de su campo tengan personalidades excéntricas y siempre de la mano de una ideología que contagia. Aquí la clave será que el cuerpo directivo entienda que dirigir una empresa es algo mucho menos frío de lo que aparenta y se trata más bien de inspirar a personas hacia un bien común.

 

El talón de Aquiles

por NellyG 1 julio, 2026

 

  

En la carrera global por la atracción de capitales, el Caribe Mexicano cuenta con ventajas competitivas envidiables: conectividad aérea de primer orden, infraestructura hotelera de clase mundial y una marca destino imbatible. Sin embargo, en el balance financiero de cualquier corporativo que opera en Quintana Roo, existe un lastre silencioso que amenaza la rentabilidad y frena la llegada de nuevas inversiones de alto valor: el costo y la intermitencia del suministro de energía eléctrica.

Para la industria de la hospitalidad, los centros comerciales y los desarrollos de usos mixtos, el recibo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ya no es un gasto operativo más; se ha convertido, en muchos casos, en el segundo costo más gravoso para las empresas, solo por debajo de la nómina. En una región donde el termómetro no da tregua y la refrigeración y el aire acondicionado son condiciones de supervivencia del negocio, la política energética se vuelve una variable estrictamente económica.

Cifras que restan competitividad

La península de Yucatán ha padecido históricamente una condición de «isla energética» debido a su distancia de los principales centros de generación del país y a la saturación de las líneas de transmisión. Aunque proyectos recientes como las plantas de ciclo combinado en Mérida y Valladolid, así como el gasoducto Cuxtal-Mayakan, prometen aliviar el déficit de generación a mediano plazo, la realidad inmediata del empresariado local sigue marcada por tarifas comerciales e industriales que están entre las más altas del país.

Operar bajo la Tarifa de Demanda Industrial en Media Tensión GDMTO o GDMTH en el sureste implica un costo por kilovatio-hora ($kWh$) que erosiona los márgenes de ganancia en comparación con destinos turísticos competidores en el Caribe global o el propio norte de México. A esto se suma el costo oculto pero devastador de los apagones y las variaciones de voltaje. Para un hotel de 500 habitaciones o un centro comercial, un corte de energía no programado implica pérdidas millonarias en equipos quemados, activación de plantas de emergencia basadas en diésel (lo que dispara la huella de carbono) y, lo peor, el daño reputacional ante un turismo de lujo que exige estándares de continuidad impecables.

 

La urgencia de la transición y la generación distribuida

La solución al estrangulamiento energético de la región no puede depender exclusivamente de los presupuestos públicos ni de los tiempos de la burocracia federal. El verdadero motor de cambio radica en la apertura y la certidumbre para la inversión privada en esquemas de sustentabilidad.

Actualmente, el límite legal para la Generación Distribuida —la capacidad de empresas y hoteles para generar su propia energía mediante paneles solares sin necesidad de una planeación compleja de la CRE— está topado en los $500\text{ kW}$ ($0.5\text{ MW}$). Para las dimensiones de la infraestructura actual en Cancún y la Riviera Maya, este techo es completamente obsoleto. Elevar este tope a $1\text{ MW}$ o más, como ha exigido el sector empresarial de manera unánime, permitiría a las grandes propiedades hoteleras y desarrollos comerciales mitigar su dependencia de la red pública, estabilizar sus costos operativos a largo plazo y cumplir con los criterios ESG (Environmental, Social, and Governance) que hoy exigen los fondos de inversión internacionales.

Balance editorial: Menos discursos, más transmisión

Garantizar la viabilidad económica de Quintana Roo para los próximos veinte años requiere entender que la energía limpia y barata es tan vital como la promoción turística. La iniciativa privada local ha demostrado estar lista para invertir sus propios recursos en infraestructura fotovoltaica y sistemas de almacenamiento de energía de última generación (baterías); lo que falta es un marco regulatorio que deje de ver al capital privado como un adversario y lo asuma como el aliado estratégico que es.

El crecimiento vertical de Cancún, el éxito comercial de la Avenida Huayacán y los megaproyectos en Puerto Cancún y la Riviera Maya demandan una red eléctrica robusta y redundante. Si aspiramos a seguir jugando en las grandes ligas del turismo y los negocios, las autoridades deben garantizar certidumbre jurídica para la coinversión en transmisión. De lo contrario, el costo de la luz seguirá ensombreciendo el brillante futuro económico de nuestro estado.

 

Quintana Roo mundialista y el Puente Nichupté  

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • Carta del Director
  • Amador Gutiérrez Guigui
  • agutierrez@latitud21.com.mx
  •  @AmadorG_G

 

La confirmación de que la Selección Nacional de Uruguay establecerá su campamento base en Mayakoba, Playa del Carmen, durante la Copa Mundial de la FIFA 2026 representa mucho más que una noticia deportiva. Se trata de una oportunidad estratégica para Quintana Roo, que tendrá ante sí una vitrina internacional y cuyos beneficios pueden extenderse mucho más allá de los días que dure la competencia.

Uruguay es una de las selecciones con mayor tradición y prestigio en la historia del futbol mundial. Su presencia atraerá la atención de medios de comunicación internacionales, patrocinadores, analistas deportivos y miles de aficionados que seguirán de cerca cada entrenamiento, conferencia de prensa y actividad del equipo. En cada imagen transmitida al mundo aparecerá también el entorno turístico privilegiado de la Riviera Maya.

La coincidencia con la temporada vacacional de verano resulta particularmente favorable para el estado. Durante junio y julio, cuando el flujo turístico ya registra una importante actividad, la exposición mediática derivada del Mundial puede convertirse en un incentivo adicional para visitantes nacionales e internacionales que busquen combinar la experiencia deportiva con los atractivos naturales y culturales de Quintana Roo.

Además del impacto promocional, la presencia de una selección de esta magnitud puede generar una derrama económica directa en hoteles, restaurantes, transportistas, operadores turísticos y comercios locales. El turismo deportivo es uno de los segmentos de mayor crecimiento a nivel mundial y eventos de esta naturaleza suelen traducirse en beneficios económicos que alcanzan a diversos sectores de la comunidad.

Pero el verdadero valor de esta oportunidad no radica únicamente en los ingresos temporales. El reto consiste en convertir la estancia de Uruguay en una plataforma de promoción permanente para el destino. Si se trabaja con visión estratégica, Quintana Roo puede fortalecer su posicionamiento como sede internacional para eventos deportivos, convenciones y encuentros de alto nivel.

También es una ocasión para mostrar al mundo la capacidad logística y de infraestructura del estado. La conectividad aérea, la calidad hotelera, los servicios turísticos y la oferta gastronómica de Quintana Roo estarán bajo el escrutinio internacional, por lo que el éxito de esta experiencia podría abrir la puerta a futuras inversiones y eventos de carácter global.

La llegada de Uruguay a Mayakoba coloca a Quintana Roo en el mapa mundial del fútbol en el marco del evento deportivo más importante del planeta. Ahora corresponde a todos los actores involucrados entender que no se trata solamente de hospedar a una selección, sino de aprovechar una circunstancia excepcional para fortalecer la imagen, la competitividad y el futuro turístico del estado.

En portada llevamos la inauguración del Puente Vehicular Nichupté, un megaproyecto que sin duda es benéfico para Cancún, el vinculante carretero entre el centro y la zona hotelera, teniendo como objetivo principal ahorrar el tiempo de traslado. 

Es la segunda obra de su tipo más larga en América Latina, con una longitud total de 11.2 kilómetros (8.8 km sobre el sistema lagunar Nichupté y el resto en accesos). El diseño de esta obra -realizada por ICA-, según especialistas, se respetó y libró en su totalidad el área natural protegida de los manglares.   

La economía del día a día

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • Columna de la Editora
  • Nelly García
  • ngarcia@latitud21.com.mx

Hay noticias económicas que solemos dejar pasar porque parecen lejanas. Las escuchamos en términos técnicos —crecimiento del PIB, deuda soberana, inflación, calificaciones crediticias— y asumimos que pertenecen al mundo de los economistas, de los mercados o de las oficinas gubernamentales. Pero tarde o temprano, casi siempre, terminan llegando a un lugar mucho más cercano: el bolsillo.

México atraviesa hoy uno de esos momentos donde la economía no parece estar mal, pero tampoco avanza con la fuerza suficiente para generar tranquilidad. El reciente ajuste del Banco de México a la expectativa de crecimiento del país —de 1.6 a 1.1 por ciento para este año— no significa una crisis inminente, pero sí un mensaje claro: la economía se está desacelerando.

¿Y eso qué significa realmente?

En términos simples, que el país está creciendo más lento. Cuando una economía pierde ritmo, las empresas suelen ser más cautelosas, las inversiones tardan más en concretarse y el consumo empieza a moderarse. No ocurre de golpe ni se siente igual para todos, pero sus efectos terminan filtrándose poco a poco en la vida cotidiana.

Para una ciudad como Cancún, donde buena parte de la actividad económica depende del turismo, el consumo y la confianza, esto cobra todavía más relevancia. Cuando hay menos certidumbre económica en México o en los mercados internacionales, los proyectos se vuelven más prudentes, las expansiones se piensan dos veces y el empleo puede resentirse, aunque no siempre de forma evidente.

De hecho, los números laborales muestran algo interesante —y al mismo tiempo preocupante—: en México hay más personas ocupadas, sí, pero una buena parte de ese crecimiento está ocurriendo desde la informalidad y el autoempleo. Es decir, más personas están trabajando, pero no necesariamente en condiciones más estables o con mayores ingresos.

Dicho de otro modo: no siempre tener empleo significa vivir con mayor tranquilidad financiera.

A esto se suma otra noticia que, aunque suena lejana, merece atención. Las calificadoras internacionales redujeron la perspectiva y calificación de la deuda soberana mexicana. Traducido al español cotidiano: perciben mayores riesgos hacia adelante para las finanzas del país.

No es motivo de alarma ni significa una crisis automática. México sigue siendo un país con grado de inversión y eso sigue siendo una fortaleza. Pero cuando aumenta la percepción de riesgo, pedir dinero suele volverse más caro. Y eso puede reflejarse en créditos hipotecarios, financiamientos, tarjetas o préstamos empresariales más costosos.

También puede impactar en la inversión, en el tipo de cambio y eventualmente en los precios. Porque cuando el dinero cuesta más y el entorno se vuelve incierto, la economía suele moverse con mayor cautela.

Quizá la gran lección de este momento económico es entender que las finanzas personales no viven separadas de la economía nacional. Pensar que lo que pasa en Banxico, en Hacienda o en las calificadoras no tiene nada que ver con nuestra vida cotidiana es un error frecuente.

Sí tiene que ver.

Por eso, en tiempos donde la economía avanza más despacio, vale la pena recuperar algo que muchas veces olvidamos cuando las cosas parecen ir bien: cuidar la deuda, fortalecer el ahorro, evitar compromisos financieros excesivos y tomar decisiones con más visión de largo plazo.

Porque aunque la economía de un país se mida en porcentajes, la tranquilidad financiera de las personas sigue midiéndose, casi siempre, en certezas.   

Todas las empresas felices son diferentes

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • The Dark Horse
  • Ricardo Hinojosa
  • Consultor en Gobierno Corporativo
  • rhinojosa@hhasociados.org

 

Dice Tolstói en una de sus obras que todas las familias felices se parecen entre sí, mientras que cada familia infeliz lo es a su manera. Lo contrario aplica para los negocios, todas las empresas felices son diferentes porque ofrecen una solución original que los separa tanto de los demás, que se vuelven únicas en su especie; por otro lado, todas las empresas infelices son iguales porque no lograron diferenciarse del resto y comparten un común denominador que es una feroz competencia por las ganancias de su sector. 

Esta reflexión me gusta ligarla con la entrega anterior sobre diagnóstico preliminar, para mí es un cuestionamiento que no puede faltar antes de comenzar un negocio o al definir un plan estratégico; ¿la idea que vamos a implementar es única en su especie? ¿Qué nos hace realmente diferentes como empresa? ¿Si realizamos una lluvia de ideas, podré enlistar más de 5 empresas que ofrezcan lo mismo que nosotros? Si la respuesta a la última pregunta es afirmativa, ya es un foco rojo. 

De alguna manera, el lugar donde se puede encontrar la mejor idea a implementar es en donde nadie más está buscando, por ello se vuelve importante que los miembros del Consejo —o por lo menos uno de ellos— tenga dentro de sus habilidades suaves la apertura a nuevas ideas y la capacidad de estar en desacuerdo cuando sea necesario. Todas las grandes ideas empiezan con la minoría de uno, y es esa mentalidad la que puede guiar a los empresarios a encontrar ese sweet spot que los posicionará permanentemente en el mercado. 

Un factor importante será el involucramiento de los fundadores en las primeras etapas del negocio, ya que ellos serán responsables de la innovación del mismo. Como mencioné antes, son éstos los que deben tener el perfil para incorporar ideas creativas que los permita seguir siendo diferentes a la competencia. Digamos que un negocio donde el fundador ya no se involucra puede seguir funcionando, sin embargo, pierde esa “magia” que los hizo una empresa feliz en primer lugar. 

En el caso específico de las empresas familiares, el nivel de involucramiento de los fundadores define si la podemos llamar empresa familiar o familia empresa, donde el segundo concepto distingue a un grupo familiar donde todos son empresarios —en toda la extensión de la palabra— y todos sus frentes de negocio hacen sinergia con el resto del grupo familiar. Es decir, no son un negocio donde los dueños son familiares; sino una familia que coopera entre sí para consolidar en conjunto los mejores negocios. 

Como lo hemos visto en entregas anteriores, un gobierno corporativo bien implementado ayuda a que el fundador —o bien, el grupo familiar— pueda dedicarse a otras cosas y no “vivir en el negocio” pero seguir involucrado en la dirección del mismo y tener los foros indicados para seguir aportando ideas, inspirar a su equipo y tener la cultura de una mejora continua. 

Por experiencia conozco que lo que estoy planteando no es sencillo. El proceso para identificar el enfoque que distingue a una empresa se vuelve un tema de prueba y error, exige atención e involucramiento, incluso depende menos de una agenda y más de momentos donde se encuentren inspirados. Dicen que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo, y pienso que asimismo el convertirse en una empresa feliz, única en su especie es un proceso donde la persistencia y la valentía pesan más que cualquier otra cosa.  

Corto circuito

por ahernandez@latitud21.com.mx 2 junio, 2026
  • En línea directa
  • Arturo Medina Galindo
  • Periodista, Director NITU.mx • arturo@nitu.mx
  • Twitter @Arturo_Medina_G

 

El Caribe Mexicano vive una paradoja tan deslumbrante como peligrosa. Por un lado, las páginas de economía y los discursos oficiales celebran con justa razón un dinamismo envidiable: récords históricos en conectividad aeroportuaria, expansiones hoteleras de gran turismo, un acelerado crecimiento inmobiliario vertical y macroobras federales que reconfiguran el territorio.

Sin embargo, detrás de esa fachada de prosperidad e imán de capitales, subyace una realidad estructural que amenaza con fundir los fusibles de la confianza empresarial: una red de transmisión y distribución eléctrica que opera al límite de sus capacidades.

Para un inversionista institucional, un fondo de infraestructura o un desarrollador corporativo, la certidumbre energética dejó de ser un servicio básico; hoy es una variable crítica de riesgo financiero. En el ecosistema de negocios actual, un apagón en Cancún, Playa del Carmen o Tulum no representa una simple e incómoda intermitencia doméstica; significa la parálisis total de sistemas operativos, la pérdida de cadenas de frío, el daño irreversible a equipos de alta tecnología y, fundamentalmente, un golpe demoledor a la reputación de un destino que se vende al mundo como premium. 

El costo de esta vulnerabilidad ya actúa como un “impuesto oculto” que las empresas absorben mediante la compra obligada de plantas de emergencia a base de diésel, seguros más caros y reguladores industriales. La pregunta en las mesas de análisis de los grandes capitales ya no es cuánto terreno hay disponible, sino si habrá suficiente energía para encender el proyecto.

Ante la gravedad del diagnóstico, que costó pérdidas millonarias en las temporadas altas previas, el gobierno federal y estatal han tenido que abandonar la retórica de la autosuficiencia para activar una estrategia de contención de daños. El anuncio coordinado entre la Secretaría de Energía, el Cenace y el gobierno de Quintana Roo para integrar los llamados powerships —centrales eléctricas flotantes operadas por la firma turca Karpowership— es la prueba más fehaciente de que la emergencia ya no se puede ocultar. 

El despliegue inminente de una embarcación con capacidad de 250 megawatts (MW), acompañada de una terminal de gas natural licuado, es una medida audaz e indispensable para librar el pico de demanda de este verano. No obstante, el sector empresarial debe leer esta solución con claridad: es un respirador artificial, una respuesta táctica y de corto plazo para “salir del paso” mientras se consolidan los proyectos de fondo.

La verdadera solución al riesgo de inversión radica en que el portafolio de proyectos de infraestructura de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) aterrice en tiempo y forma en la península. El plan de “Justicia Energética” y los compromisos de expansión de la Red Nacional de Transmisión contemplan inversiones importantes para la modernización y ampliación de subestaciones en Cancún y Chetumal, la instalación de cientos de nuevos transformadores y proyectos de energía limpia en evaluación, como la central fotovoltaica Los Girasoles en el estado. El reto es que los tiempos de la burocracia federal y la ejecución técnica de la CFE avancen a la misma velocidad vertiginosa con la que el sector privado levanta complejos residenciales y hoteleros.

Quintana Roo no puede permitir que su éxito inmobiliario y turístico se convierta en su propio verdugo por falta de planeación urbana y energética. Las licencias de construcción y las factibilidades ambientales deben alinearse estrictamente a capacidades reales de suministro, y no a promesas en papel. La llegada de los buques generadores alivia la presión inmediata en los tableros de control, pero la competitividad a largo plazo del estado exige una agenda público-privada permanente. 

Los inversionistas exigen certezas, no paliativos flotantes. Si la federación quiere seguir cosechando las divisas que esta tierra genera, la modernización definitiva de la red eléctrica de última milla en el Caribe Mexicano no es negociable; es la única forma de evitar que el futuro de la región se quede a oscuras.   

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