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Revista Latitud 21
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Sergio González

  • Al buen entendedor
  • Presidente de la AMATUR
  • Presidente del centro de atención de salud mental y prevención de adicciones «Vital»
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Tianguis Turístico, Acapulco 2022

por NellyG 1 junio, 2022

Luego de casi superada la pandemia, y de no haber asistido al Tianguis en la querida Mérida, Yucatán, en donde me perdí, entre otras cosas, del homenaje al maestro Armando Manzanero, decidí aproximar mis pasos al legendario puerto de Acapulco, para atender a una nueva versión de esta supuesta cita de negocios turísticos.

Caro, carísimo como desde hace unos años, comprar Acapulco cada vez que se trata de un Tianguis. Con lo costoso que resulta, uno pensaría que los hoteles estarán a tope, pero resulta que no es así, cuando menos en mi caso, pero les cuento primero las peripecias del viaje.

Al no encontrar espacios en el único vuelo directo, reservé con Aeroméxico vía la Ciudad de México, error que trataré de evitar en próximos viajes, porque pasar por el Aeropuerto Internacional Benito Juárez es una experiencia lamentable, por decir lo menos.

La saturación del viejo aeropuerto, sin mencionar por ahora, su obsolescencia, está generando que todos los vuelos salgan demorados e incurrir en gastos imprevistos, modificar agendas, cancelar citas y también perder dinero, escenario difícil de entender para los seguidores de la mal llamada Cuarta Transformación y su gran líder, que no pueden entender las críticas por haber cancelado NAIM, en Texcoco.

Ahí estábamos los intrépidos asistentes desde Cancún, rogando por alcanzar la conexión en la CDMX; luego de la demora, los ruegos fueron infructuosos, pues como era de esperarse, nos dejó el avión…

Lo que siguió para algunos, fue dormir en un hotel del aeropuerto, los que alcanzamos; para otros, en uno de la zona rosa, y para otros más jóvenes, rentar un vehículo y lanzarse a la aventura, como cuando teníamos 18 años, y conducir hasta el emblemático y fiestero puerto.

El joven empleado de Aeroméxico me da tres cupones para pagar desayuno, comida y cena en el Hotel Camino Real de la terminal, cada uno por un valor de $300.00 pesitos, y me da mi pase de abordar para el día siguiente a las 10:45 de la mañana, con lo cual ya de entrada me perdía la Inauguración al Tianguis, ya empezábamos mal.

En el Hotel, me dispongo a cenar con mis amigos y compañeros:

– Oiga, caballero, ¿podemos juntar los cupones de Desayuno, Comida y Cena, ¿para pagar este único alimento que habremos de tomar?

– NO. No es posible.

– Que pena, vamos a perder dos cupones. Ni hablar. ¿Nos puede tomar la orden?

  1. No pueden juntar los cupones.

……  silencio…..

– ¿Tenemos que cenar separados?

– NO. Bueno, sí; bueno, no. Pueden cenar juntos y les hacemos cuentas separadas…

– OHHH. Magnífico, eso queríamos…

 

Y así, pasamos la primera noche.

 

A la mañana siguiente, unos en un vuelo, otros en otro. En mi caso y el de mi amigo Phillipe, nuestro vuelo, como era de esperarse, volvió a salir demorado, nos tuvieron en la pista 40 minutos. Los chairos no pueden entender aún mis quejas, algunos me dicen que por qué no me compro mejor un avión…

Ya en Acapulco, me trasladé al legendario y emblemático Hotel Princess, que está cumpliendo 51 años. Es una pena atestiguar que, si bien sigue siendo un gran hotel, el servicio no es el de antes, las instalaciones han caído en el abandono y los precios no están acordes a su nueva y triste realidad.

Los empresarios que han adquirido el majestuoso Princess, que ahora forma parte del Mundo Imperial que comprende al Palacio, el Pierre Marqués, El Centro de Convenciones y el propio Princess, abusan del mercado en una escalada de precios que no corresponde con el servicio que ofrecen. Hay falta de personal, falta de capacitación, de sensibilidad y de criterio.

Estaban al 50% de ocupación, y no me dieron una habitación con vista al mar, habiendo pagado una tarifa más que razonable. Me dieron una con vista al campo de golf, árido, que ya no tiene aquellos céspedes verdes de antaño.

Ya en el evento de negocios, pues qué les digo, lo mismo de siempre, amables todos, cordiales todos, desorganizados todos, un desmadre como siempre…

Y los discursos…bueno, para mis ocho lectores, si alguno no asistió les cuento, que el Señor Torruco, ese que tenemos por secretario de Turismo, con la arrogancia que le caracteriza y con su enorme inconciencia en su discurso inaugural, en medio de los halagos a las grandes maravillas de México, dijo que las Barrancas del Cobre en el norte de nuestro país, son de alguna manera, más grandes y más hermosas que el gran Cañón del Colorado, “aunque no le guste al señor embajador de los Estados Unidos”, ahí presente.

Torruco siempre ha sido arrogante e incompetente, ahora demuestra también su falta de educación y de sensibilidad política. Después el caricaturesco secretario de Gobernación, representando a AMLO (hasta en ese acento, salido como de una ranchería, que poco favor nos hace a los mexicanos), ratifica lo dicho por el de Turismo, que, aunque no le guste “se tiene que aguantar embajador”, refiriéndose a la cita sobre el Gran Cañón del Colorado.

 

Insensatos, insensibles, mal educados, groseros y si me permiten la expresión, también nacos, en una demostración más de su soslayo y desprecio por el turismo y de la falta de respeto por el embajador de nuestro más importante socio comercial.

«…Yo quiero nada más hacer una pequeña acotación si me lo permiten personalizar. Sé que no le gustó porque vi su rostro del embajador Salazar cuando Miguel (Torruco) dijo, afirmó con justa razón que el Cañón del Colorado es infinitamente menos hermoso que nuestra Barranca del Cobre, pues hay que aguantar señor embajador, porque es verdaderamente hermosa la Barranca del Cobre, pero es verdaderamente hermoso nuestro país, como todos los países del mundo tienen sus bellezas y tiene sus toquezas, pero nosotros estamos aquí para decir que México es grande, grande por su turismo, sus habitantes, es grande por todos ustedes», abundó.

Sin palabras…

Algunas otras peroratas proclamó Torruco durante el Tianguis, en distintos foros y eventos, todas absurdas, todas excesivas, todas alabando a su gran líder López Obrador, todas ridículas, todas sin sentido.

Si bien el Tianguis sigue siendo el gran escaparate para que todos los turisteros nos reencontremos, es una fiesta que viene a menos, aunque duela. En esta versión por ejemplo no acudieron los grandes touroperadores de Estados Unidos y Canadá, quienes antes hacían lucir el Tianguis. Algunos, porque las fechas entre el Tianguis de Mérida y el de Acapulco estuvieron muy cercanas, situación ampliamente comentada en el evento; otros, porque mejor se reservan para el Gran Travel Mart de Cancún en octubre, y algunos más porque tristemente ya no les gusta Acapulco, o ya no les hace confianza.  Dicho sea de paso, me enteré de que algunos camiones con mercancías para los stands y pabellones del Tianguis fueron asaltados y robados. Una verdadera pena en medio de este país de “abrazos y no balazos”.

En fin, que el querido Tianguis y el legendario Acapulco de mi juventud, parecieran en decadencia. Nostalgia sentí de no haberme aproximado a la Costera Miguel Alemán, ese malecón fiestero que me acogió con mis amigos en mis años de juventud, ese que alojó al Edomme, el Le Jardin, al Bocaccio y el inolvidable Baby O’, entre muchos otros.

Hoy todo transcurre en el Acapulco Diamante, en donde no ves el mar, en donde lo que antes era una carretera incipiente que te llevaba al “revolcadero”, hoy está plagada de negocios, tiendas y malos restaurantes.

Me gustaría regresar, sin tener que trabajar y tratar de encontrar a mi Acapulco, ese bonito y romántico de los atardeceres, en los que te “movían la panza por un peso”, comprabas concha nácar, comías ostiones frescos y te ponías perfume para ir a la discoteca.  Las vistas majestuosas ahí siguen…

 

Y bueno, regresando al mundo real, había que regresar a Cancún, y qué creen, vuelo demorado de nuevo. Eso es ya la constante si has de pasar por el aeropuerto de la Ciudad de México.

Dos horas de retraso en el “medio remodelado” aeropuerto de Acapulco, para llegar corriendo, sacando el aliento en México para alcanzar la conexión, en medio de “me ayuda con su mascarilla”… que aunque no puedas respirar y no haya mas Covid, te la tienes que colocar, aunque como diga mi amigo Phillipe, el Covid esté solo en la puerta, porque una vez cruzando, “no pasa nada”…

Bien por los organizadores en Acapulco por cierto, que contrataron al gran Mijares para la inauguración; es un grande, lástima que el sonido no alcanzara a las butacas de arriba. Mucho dinero invertido y mala sonorización. Generosos fueron en esa fiesta de apertura en la Arena GNP, sobraron sin embargo los discursos de Torruco y la impuesta gobernadora…

En fin…

Aquí les dejo esto…  de regreso en casa con mi Alice…

 

 

 

¿Por quién votar…?

por NellyG 9 mayo, 2022

 

 

Esa es la pregunta que cientos, si no es que miles de ciudadanos, se formulan por estos días, y que estará latente en las conversaciones de aquí hasta el primer domingo de junio en Quintana Roo. Pero lo verdaderamente lamentable del cuestionamiento, es que en ésta, como en otras ocasiones, como se suele decir coloquialmente “no hay ni a quién irle”; quizá en esta oportunidad más acentuado que en ninguna otra y el elector se siente francamente decepcionado y eventualmente desmotivado para ejercer su voto.

Las razones de este acertijo son claras y están a la vista, pero pocos se atreven a hacer afirmaciones y menos descalificaciones, pues nadie quiere ser juzgado después por quien resulte vencedor(a).

Es decepcionante, por una parte, que no existan verdaderos líderes, por quien todo el mundo se decante, que en verdad representen nuestros ideales y que en su actuar demostraran un verdadero amor y compromiso por esta tierra y por alcanzar mejores niveles de bienestar para los ciudadanos y por otra resulta lamentable, por decir lo menos, que en los partidos no exista ideología que valga, no prevalezca ética ninguna y sólo aflore el verdadero interés personal, de grupúsculos y la ambición del poder por el poder. Triste en verdad.

Por cuanto toca a los candidatos, en este y en otros estados, en esta y en otras elecciones, está claro que lo que les mueve, es ser postulados sin importar por cuál bandera, sin que prevalezca una ideología que los identifique.

Así, tenemos una candidata por ejemplo, que habiendo pasado ya por todos los partidos y habiendo levantado la mano con entusiasmo de aquellos que se han ensuciado con el más sucio lodo, incluso aquel que lleva a la prisión, y luego de haber enarbolado banderas pseudoecologistas, hoy se postula sin importar ni el color, ni la filosofía y mucho menos su pasado, ese del que no se puede hablar bien, pues su huella es notoria.

Preocupante también, que quien lidera las preferencias, haya sido reelecta por su municipio, para ocupar el cargo sólo tres o cuatro meses y luego buscar un nuevo cargo; en verdad me cuesta mucho trabajo entender esa parte de nuestra lastimosa y degradada política.

No puedo hablar de lo que no me consta, por lo que no habré de sumarme a la descalificación por actos de corrupción y de enriquecimiento ilícito. Lo que sí me consta es el estado que guarda la ciudad en la que vivo, que es lamentable, por decir lo menos, el abandono es la marca de las administraciones municipales.

Finalmente, de la candidata a la que menos pudiera reprochársele, sin duda los electores, dirán que carece de experiencia, esa misma por la que quizá no puede culpársele de nada, salvo el hecho insoslayable de la sombra de un partido por el que aún existen resentimientos. Me quedo con ella por haber sido una magnífica rectora y una mujer con verdad.

De los caballeros que acompañan la elección no diré nada, porque nada hay que decir de ellos, uno mundialmente desconocido y otro caprichoso, oportunista y con una experiencia tan pobre como su discurso.

En fin, que nos la han puesto más difícil que nunca.

Y de los candidatos a diputados, ¡madre mía! mejor lo dejamos para otro espacio. Lo triste de los legisladores no son sólo sus campañas huecas, sino su lamentable actuación cuando llegan al Congreso, y para muestra tenemos a los genios que ocupan las curules actualmente en la capital del estado, una vergüenza integral.

Que Dios nos agarre confesados…

Esta sensación de indefensión…

por NellyG 1 abril, 2022

Días y quizá meses, llevo con esta sensación de sentirme indefenso, y al mismo tiempo incompetente frente a la avalancha de acontecimientos que amenazan nuestras vidas, nuestra seguridad y nuestra calidad de vida.

Indefenso también, porque a la más mínima intención de defensa, contra ataque o reclamo a quienes debería corresponder defenderme, protegerme o servirme, puede venir un ataque doble, por una parte de quienes me dicen “mejor no te metas”… “si dices cosas te van a golpear, cuida de tu familia”… “a ver si luego no hay

represalias”, y así una serie de advertencias, que me hacen pensar, si lo mejor es quedarme callado ante las adversidades, los problemas, las carencias y aquellas situaciones que verdaderamente pienso que comprometen mi calidad de vida y la de los que me rodean. Y, por otra parte, el ataque o contraataque real, de quienes ostentando la autoridad pudieran atentar contra, digamos mi bienestar, como sea que a este se le pueda entender.

Hace unas semanas me asaltaron en la puerta de mi domicilio, con pistola en mano; gracias a la providencia y un poco al valor que tuve para enfrentar al maldito, solo se llevó mi reloj. De inmediato lo reporté a los cuerpos de seguridad, quienes reaccionaron en unos 15 o 20 minutos, lo cual sin duda era tarde, pues el asaltante había desaparecido. Lo reporté también a la alcaldesa de Cancún, quien hasta hoy no me responde.

A diario atestiguo con profunda tristeza y decepción el estado que guarda la ciudad en que vivo y a la que tanto cariño le tengo. Veo tantas calles sin letreros que anuncien sus nombres, la llamada nomenclatura, o letreros medio caídos y oxidados. Veo parques y jardines con la maleza crecida, amarilla, abandonada.  Reniego a diario cuando en mi vehículo voy cayendo sobre un bache y otro, o luchando por esquivarlos.

Me preocupo cuando veo a estos malabaristas, aprendices de cirqueros, limpia cristales y otros nuevos oficios en cada semáforo de la ciudad.

Cuánta pena me da ver tantas bardas y edificios plagados de grafiti, de ese que no

se quiere enmendar por alguna razón.

Veo a la gente caminar por la orilla de algunas calles y avenidas en las que nunca han existido banquetas, no sólo poniendo su vida en peligro ante el posible embate de un automóvil, sino, que además no pueden tener el privilegio, el derecho de un espacio público digno para caminar.

Por la buena fortuna, puedo vivir en una zona más o menos decente de la ciudad, pero aún así, mi calle está plagada de irregularidades, basura y desorden, y al verla, me pregunto con tristeza, cómo rerá en las regiones más apartadas de este municipio.

Sin embargo, escucho con sorpresa los discursos triunfalistas que hablan de transformación y de devolver la esperanza al ciudadano y me pregunto si vivimos en dos dimensiones distintas.

Siendo como soy, un crítico y un ciudadano que se ha manifestado siempre ante las injusticias, carencias e irregularidades, me preocupa mucho que hoy todos o mis más cercanos me digan, ‘no lo hagas más’ o ‘ten cuidado’; ¿entonces debemos callar ante el desorden que prevalece?. ¿Acaso debemos aplaudir, debemos apoyar candidaturas, debemos ser solidarios y cerrar los ojos ante el desorden, la inseguridad, la falta de infraestructura, la carencia y deficiencia de servicios públicos? ¿Es así?

Las irregularidades nos han rebasado en el país, como nunca antes; la inseguridad está en sus peores niveles y entre otras cosas la inflación está fuera de control, y no hay que ser un experto analista financiero ni un economista; basta con ir a Walmart, Soriana, Chedraui o el supermercado que a usted le quede cerca, para

atestiguar que las cuentas cada día están más fuera de nuestro alcance, que el “ticket” de compra ya alcanzó dimensiones insospechadas, aunque los defensores del régimen digan que antes estábamos peor, o nos reciten el “por qué antes no te quejabas”…

Tratándose de tramitología, de todo tipo y en todos los ámbitos, la corrupción ha alcanzado niveles insospechados.

Sabemos que existen funcionarios, de los que, por el momento, omitiré el nombre, se están haciendo ricos, y que se les ve comprando departamentos, autos y jugando golf en los mejores campos, a partir de la concesión de permisos y otros favores en los últimos tres años. De esto le puedo decir a mis ocho lectores con toda seguridad por lo menos en Cancún, Playa del Carmen y otras ciudades de Quintana

Roo, pero no tengo ninguna duda de que así es en el resto del país.

¿Hasta dónde vamos a llegar?…  y ¿Hasta dónde lo vamos o lo debemos permitir?…

El gran reto es que carecemos de liderazgos, de auténticos líderes que estén dispuestos a personificar y enarbolar a la oposición, crear consensos y luchar en aras de crear mejores estadios, mejores espacios de convivencia y calidad de vida para la población.

Los partidos políticos están secuestrados por unos cuantos, y en algunos, como los más tradicionales y rancios, prevalecen liderazgos obscuros de gente perversa que sólo busca sus intereses personales.

Tristemente hay titerillos, que se prestan al espectáculo, a cambio de migajas, de algún cargo público pasada la elección, o hasta de un dinerillo, que les ayude a vivir un poco mejor.

Tenemos hasta malos actores de telenovela que se prestan al mismo circo, que participan, que se ensalzan, que se ensucian y que forman parte de la triste novela de la política mexicana.

A los políticos en funciones, cuando les reclamas su mal actuar, o les pides mayor energía o compromiso en tal o cual asignatura, se molestan, se ofenden, porque son sabedores de que la gran mayoría no osa con importunarles; si eres el quejoso, eres un bicho raro.

A los candidatos, les puedes decir lo que sea, en esa etapa, aguantan de todo, son empáticos y hasta amables; cuando lleguen al poder, se les olvidará.

Y a los ciudadanos nos tienen divididos, enfrentados y amedrentados también.

Por mi parte, estoy harto de la calidad de vida que me ofrece esta ciudad en la que vivo. Los defensores del sistema, estoy seguro, me dirán, vete. Pero no, esa no es la respuesta, vivo aquí hace 35 años, aquí nacieron mis hijos, aquí he conocido a gente maravillosa y a esta ciudad le he dedicado más de la mitad de mi vida.

Quiero lo mejor para Cancún y para Quintana Roo y no me gusta nada el rumbo que lleva. Menos me gusta la apatía que encuentro en muchos, la complicidad en otros tantos y la hipocresía de varios.

Justo sería, en bien de esta querida ciudad y de este estado que nos ha adoptado a tantos, ser menos apáticos, señalar a los cómplices de la corrupción sin miedo e ignorar olímpicamente a los hipócritas; ya se sabe donde andan y a que se dedican.

Se los dejo…

Puerto Morelos lo espera con los baches abiertos…

por NellyG 1 marzo, 2022

El otro día fui a una reunión en Puerto Morelos, en el hotel Paraíso de la Bonita, lo que irremediablemente me hizo recordar con nostalgia a mi querido amigo, el arquitecto Carlos Gosselín, que en paz descanse; y lo recordé también desde que circulaba por el camino de acceso a la Bahía Petempich, donde se ubica el que fuera su hotel; ya que siendo presidente de la Asociación de Hoteles, y aún desde antes, fue un incansable promotor y gestor para que ese camino de acceso estuviera en las mejores condiciones posibles.

Fue triste recordar a Carlos, pero más tristeza y frustración al mismo tiempo, me causó atestiguar el deplorable estado de esa vía que es la puerta de entrada para una gran cantidad de hoteles, casi todos de lujo y gran lujo, que sin duda pagan impuestos a los tres niveles de gobierno.

La vía para acceder, es prácticamente intransitable; no se puede hablar de baches, porque eso sería una minucia, comparado con lo que prevalece; se trata de enormes cráteres, de gigantescas pozas que se extienden a todo lo ancho del camino, de inundación y lodazal descomunal, como si se tratara del acceso a una granja o un rancho en alguna zona rural de un pueblo remoto.

No hay banquetas, por supuesto, por las que puedan caminar los trabajadores de los hoteles que tienen que salir a tomar algún transporte colectivo, el cual utilizan como pueden y donde pueden, ya que tampoco hay paraderos de autobuses.

En algunos tramos de la vía no caben dos autos al mismo tiempo, como sucede también en otros accesos a hoteles en el mismo municipio. Al no haber banquetas ni guarniciones de ningún tipo, la selva y las ramas de los árboles terminan casi sobre el pavimento, o mejor dicho lo poco que queda de él, entre las lagunas que cubren la rústica carretera.

Por supuesto no hay señalamientos, ni iluminación, y pensar en espacios públicos o jardines para transeúntes, pobladores o turistas, resulta una utopía.

Menuda tarea le espera a la presidenta municipal y su equipo.  Me pregunto: ¿qué habrá hecho con los impuestos la administración anterior?…

Y así, tristemente, nos vamos acostumbrando a vivir en nuestras ciudades, sin banquetas, con semáforos que no sirven, con baches; con calles que no tienen letreros que indiquen su nombre, con luminarias que no encienden, con grafiti que no se quiere enmendar y así le puedo seguir contando esta debacle de ciudades en las que vivimos, y que sólo se hermosean un poco, cuando se avecinan los tiempos electorales.

¿Por qué será que nos esté sucediendo esto en Quintana Roo, si hay millones de turistas, millones de pesos en impuestos, millones en predial…? ¿por qué será caray…?

sgrubiera@acticonsultores.com

Las ocurrencias legislativas

por NellyG 1 febrero, 2022

Al parecer todo se trata de obtener mayores ingresos, mayor recaudación.

Se entiende por una parte que el gobierno requiere de ingresos para hacer frente a sus compromisos, tanto aquellos referidos estrictamente a su operación (nóminas, rentas, gastos operativos), como aquellos que se refieren a su función básica que es proveer de una mejor calidad de vida a los gobernados, a través de la salud, la educación, la seguridad y la infraestructura.

El reto es que la única fuente para la obtención de esos ingresos somos los contribuyentes; ahí es donde la cosa se pone fea, porque por una parte el contribuyente ya no aguanta más y por otra, los gobiernos no justifican a cabalidad ni con obras y servicios que sean evidentes, ni con transparencia y rendición de cuentas, cómo y en donde aplican los recursos.

Esa es la disyuntiva y lo impopular que resulta proponer nuevos impuestos, cuando el gobierno está necesitado y en ocasiones urgido. En Quintana Roo, por ejemplo, se les ha hecho fácil pensar en que lo paguen los turistas, y como multiplicar es muy fácil, pues los intrépidos y ocurrentes que proponen sólo miran los números de turistas que arriban al estado y los multiplican por las cifras que a ellos les parecen bien ¡y voilá!… ahí tenemos un nuevo impuesto, o “derecho”, que suena menos fuerte, se justifica mejor y pareciera más fácil de implementar.

Es así como el muy ocurrente diputado José de la Peña, del Partido Verde, aliado de Morena, nuevamente vuelve a la carga, esta vez con una ocurrenci que pomposamente llama iniciativa, para que el Derecho de Saneamiento Ambiental que pagan los turistas en los hoteles, pase de ser por habitación por noche a por persona, con lo cual el incremento sería exponencial, con el consecuente reclamo del sector empresarial.

La respuesta o reacción de éste y otros políticos en funciones siempre es la misma, “¿de qué se quejan, si no lo pagan ellos? lo pagan los turistas” …  sin palabras…

¿Por qué no, los señores legisladores, piensan cuando están en sus curules, o en esos largos tiempos de ocio que tienen, en cómo y de qué manera se podrían crear leyes de fomento para la industria turística, que le permitan crecer, fortalecerse y consolidarse? razonen, si la industria crece y se mejoran las ocupaciones hoteleras, habría mayor empleo, mayores y mejores contribuciones de los impuestos existentes y en consecuencia la derrama también favorecería a la gestión de gobierno.

En México, no existe una sola ley de fomento al turismo, a diferencia de otros países como la República Dominicana, por ejemplo, en donde verdaderamente se incentiva al empresario que quiere invertir y en donde tratan de derribarse barreras y obstáculos para la gestión turística.

Ningún diputado de ningún partido, ni federal ni local, está pensando ni ha pensado en el pasado, en leyes de fomento, en incentivos para el turismo y en esquemas legislativos que nos ayuden a ser más competitivos.

Las iniciativas y propuestas del sector empresarial siempre son soslayadas e ignoradas.

En comisiones, sólo se discuten pues, las ocurrencias de estos pseudo representantes populares, que además son faltistas, que ni siquiera se presentan a trabajar y que permanentemente andan en campaña.

Entiendo bien que el Gobierno del Estado cuenta con sólo dos impuestos de dónde echar mano, el Impuesto al Hospedaje y el Impuesto sobre Nóminas, y se entiende también que el Gobierno Federal ha restringido y casi anulado sus participaciones al estado.

El gobierno nunicipal en cambio, tiene amplias partidas y recursos, numerosos ingresos como el predial, Tránsito, recolección de basura, zona federal marítimo terrestre, licencias de construcción y de anuncios, y un sinfín de etcétera, a los que se suma el Derecho de Saneamiento Ambiental, al que no me opongo, porque su solo nombre indica algo positivo y necesario, sin embargo, por una parte debe transparentarse y por otra no se puede seguir cargando la mano a los turistas.

Lo que requerimos es ser competitivos y entender que no estamos solos y que la competencia es enorme.

Finalmente, es una vergüenza, cómo se maneja la basura en todos los municipios de Quintana Roo, donde en pleno siglo XXI, tenemos tiraderos de basura a cielo abierto a los que pomposamente llaman “rellenos sanitarios”, que de sanitarios no tienen nada.

Sería bueno que los legisladores dejaran de hacerle la chamba a otros, se dejaran de la politiquería y en lugar de “ocurrencias”, hicieran lo que deben hacer, legislar, para que éste estado y el país sean mejores…

Imaginemos…

por NellyG 31 diciembre, 2021

          Imaginemos una ciudad y un estado donde los ciudadanos puedan caminar libremente por sus calles en entornos maravillosos, rodeados de verdes parques y jardines; donde las familias puedan gozar con sus perros por las tardes. Con espacios públicos dignos, donde la gente pueda hacer ejercicio al aire libre, pasear en bicicleta, o simplemente observar atardeceres, sin riesgos, sin miedos. Un lugar donde se privilegie el paisaje y en donde caminar sea un disfrute y no un riesgo; una ciudad para caminar.

Soñemos con un estado sin violencia, en el que haya equidad, justicia y armonía; en el que ser valiente “no salga tan caro”, como dice Sabina, un lugar que nos merezcamos todos, nacidos o no aquí.

Imaginemos una ciudad donde los políticos lleguen a tiempo y no nos hagan esperar; donde el discurso sea verdadero y las frases y promesas se cumplan. Una entidad en la que el cargo público no sea un trampolín político, y en la que todos los empresarios se conduzcan con rectitud, transparencia e integridad.

Pensemos en la ciudad en la que usar el transporte público sea un privilegio y no un castigo; donde prefieras estacionar el auto y beneficiarte del transporte, digno, limpio y hasta simpático de tu ciudad.

Ese lugar en el que puedes dejar las ventanas abiertas, el auto sin llave y la bicicleta en el poste, sin miedo, sin temor.

Imaginemos juntos, la ciudad y el estado, donde no hace falta la dádiva para que todo salga bien con tu proyecto, donde no haya “costos extras” ni “riesgos calculados”; una ciudad en la que se pueda soñar… una ciudad sin corrupción.

La corrupción no nos ha permitido soñar, y nos ha arrebatado la calidad de vida. La corrupción, no es en un sentido solamente, ni exclusiva de un ámbito laboral o social; tampoco est+a limitada a las clases políticas.

La corrupción es transversal, es sistémica y hasta cultural. Todos conocemos a un corrupto, y… lo toleramos.

Hoy quiero invitarlos a soñar, a imaginar a un estado libre de corrupción, un lugar con CERO TOLERANCIA A LA CORRUPCIÓN. Quiero invitarlos a reflexionar, en el Estado que queremos habitar, en el sitio que queremos para nuestros hijos y en lo que queremos dejar a nuestros nietos.

Eso es lo que pretendemos, que Quintana Roo sea el mejor estado para vivir, en el año 2030. ¿Creen que podemos lograrlo?

Transformar a Quintana Roo en ese lugar, significa, no sólo la generación de políticas públicas acordes al sueño; significa un cambio de comportamiento, un cambio de actitud.

Un desarrollo que eventualmente mejore el presente, pero que no considere el futuro, no puede considerarse ni sustentable ni mucho menos responsable.

Hoy tenemos que legislar para el futuro, sembrar árboles para el futuro; sembrar nuevas semillas en las mentes jóvenes, cambiar de paradigmas; dejar de pensar en lo individual para pensar en lo colectivo.

¡Súmate a una causa; piensa, reflexiona, contribuye y sé generoso! Imaginemos…

Hagamos juntos de Quintana Roo, el mejor estado para vivir en el 2030.

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