¡Aguas! Pescados, mariscos, cerveza, miel y sal, contienen microplásticos

¿Cada cuánto consumes pescados y mariscos? Quizá no diario, pero ¿qué tal una cerveza, miel o sal de mesa? Al comer estos alimentos también estamos llevando a nuestro organismo una buena dosis de microplásticos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte sobre los riesgos de esto para la salud humana.
A través de un reporte, indica que más de 220 especies ingieren desechos microplásticos en condiciones naturales, muchas de ellas consumidas por humanos.

Un grupo de expertos de la ONU evaluó el impacto potencial de estos microplásticos y los contaminantes asociados.

Los riesgos son para la salud de los consumidores, pero también hay implicaciones ecológicas para los organismos acuáticos.

Estos microplásticos se han encontrado en diversos alimentos consumidos por seres humanos:

  • Pescados
  • Mariscos
  • Cerveza
  • Miel
  • Sal de mesa

“Si hablamos de animales o pescados pequeños que se consumen enteros, cualquier animal marino que se consuma con el intestino, los humanos estamos expuestos a la ingesta de esos microplásticos que previamente han ingerido en el medio marino”.

A esto le sumamos que los humanos están expuestos a contaminantes asociados a los plásticos a través de diversas fuentes como el agua, el aire y alimentos como los pescados grasos.

Panorama desalentador

La producción y el uso de microplásticos en el mundo aumentó exponencialmente, desde la década de 1950 hasta alcanzar más de 320 millones de toneladas en 2015.

Y para colmo, la demanda de productos plásticos sigue aumentando. De hecho, se estima que su producción alcanzará los 1000 millones de toneladas para 2050.

Tipos de microplásticos

  • Primarios: se fabrican intencionalmente con cierto tamaño, tales como los granulados, los polvos y los abrasivos domésticos e industriales que se utilizan en cosméticos y productos para el cuidado personal, así como en textiles y prendas de vestir.
  • Secundarios: partículas que proceden de la degradación de materiales más grandes, como bolsas, y de las emisiones durante el transporte terrestre, especialmente la abrasión de los neumáticos de automóviles.