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Washington, DC.– Desde hace años mantengo la tradición de recibir cada mañana en casa las ediciones impresas del Financial Times y The Wall Street Journal. Ambos periódicos —a mi juicio, entre los más completos del mundo— me permiten iniciar el dÃa con un panorama claro de lo que ocurre a nivel global y arrancar la jornada con la mirada puesta en cómo la coyuntura geopolÃtica incide directamente en uno de los temas que más disfruto analizar: el turismo.
Ejemplos sobran de cómo decisiones y eventos de coyuntura —pandemias, guerras o fenómenos naturales— impactan de manera directa en la vida cotidiana de los viajeros, tanto de placer como de negocios. Tomemos un primer ejemplo: la nueva guerra en Medio Oriente, cuyas implicaciones ya están teniendo un altÃsimo costo para la industria turÃstica. Desde la incertidumbre del viajero para visitar destinos de Medio Oriente y Europa, hasta el encarecimiento de los boletos de avión derivado del aumento en el precio de la turbosina; el impacto es evidente. A mediano y largo plazo, si el conflicto se prolonga durante varios meses, podrÃamos ver pérdida de empleos, proyectos en pausa y un regreso lento a la normalidad. No debe soslayarse que varios paÃses de Medio Oriente han apostado de manera decidida al turismo como motor de desarrollo económico.
El segundo ejemplo que vale la pena analizar está relacionado con el giro sustantivo que ha dado la Casa Blanca en su polÃtica hacia América Latina y los efectos que ello tiene sobre el sector turÃstico. En primer lugar, preocupa a las compañÃas estadounidenses del sector la creciente burocratización en la expedición de visas de turistas de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026. Los largos tiempos de espera podrÃan traducirse en que miles de aficionados no logren visitar las sedes de los partidos en Estados Unidos. A ello se suma el temor de muchos turistas de siquiera intentar viajar al paÃs, influenciados por una narrativa anacrónica y excluyente hacia ciertos ciudadanos del mundo. En el terreno diplomático, no puede pasarse por alto la decisión de Washington de abrir Cuba a la inversión privada y lo que ello podrÃa significar para el futuro del sector turÃstico en América Latina.
El tercer ejemplo se vincula con la reciente crisis vivida en nuestro paÃs, derivada de la operación ocurrida en Jalisco. Es importante destacar la rapidez con la que los tres órdenes de gobierno actuaron para contener la propagación de la campaña de pánico que el crimen organizado buscaba imponer. Posteriormente, la SecretarÃa de Turismo del Gobierno Federal llevó a cabo un oportuno control de daños en medios de comunicación para desmentir la avalancha de noticias falsas que circularon en redes sociales sobre la magnitud de los hechos. A ello se sumó la intervención responsable del sector privado, que acompañó y respaldó las medidas adoptadas por las autoridades.
En conclusión, no debemos perder de vista la solidez y resiliencia del sector turÃstico frente a coyunturas adversas y decisiones polÃticas complejas. Sin embargo, será crÃtico contar con la sensibilidad y el rigor necesarios para analizar, prever y, sobre todo, implementar medidas de mitigación inmediatas que permitan reducir impactos y acelerar la recuperación.
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