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Revista Latitud 21
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Quintana Roo: competitividad turística frente a debilidad institucional

por NellyG 1 octubre, 2026

 

 

Por Uriel Jarquín Gálvez

 

Quintana Roo vuelve a aparecer bien posicionado en los indicadores nacionales de competitividad. El dato merece reconocerse, pero también analizarse sin triunfalismos. Porque una cosa es contar con una economía turística extraordinariamente poderosa y otra muy distinta haber construido instituciones públicas con una fortaleza equivalente.

El Caribe Mexicano posee ventajas excepcionales. Cancún, Riviera Maya, Tulum, Cozumel e Isla Mujeres son marcas internacionales consolidadas durante décadas mediante inversión pública y privada, infraestructura, promoción y, sobre todo, el trabajo cotidiano de miles de personas. Ningún gobierno puede apropiarse de ese éxito histórico como si fuera resultado exclusivo de una administración.

El problema aparece cuando la fortaleza del turismo se utiliza automáticamente como prueba de eficacia gubernamental.

Los datos de septiembre obligan a revisar esa narrativa. La primera semana del mes, la ocupación hotelera se ubicó en 45.8%, frente al 56.1% del periodo comparable de 2025. Es verdad que septiembre pertenece tradicionalmente a la temporada baja, pero precisamente por ello la comparación interanual resulta relevante: la temporada baja de este año comenzó por debajo de la anterior.

No significa que el turismo de Quintana Roo esté en crisis terminal. Afirmarlo sería irresponsable. Pero tampoco resulta serio minimizar una señal que debe analizarse junto con otras variables: conectividad aérea, tarifas, costos del destino, seguridad, movilidad, promoción, sargazo, calidad de los servicios y creciente competencia internacional.

Quintana Roo ya no compite solamente con otros destinos mexicanos. Compite con República Dominicana, Jamaica, Bahamas y numerosos mercados del Caribe y del mundo que buscan al mismo visitante y que también invierten para mejorar su producto turístico.

Ahí aparece la verdadera contradicción: tenemos destinos de clase mundial que conviven con problemas profundamente locales.

Recibimos millones de turistas mientras miles de trabajadores recorren grandes distancias para llegar a sus empleos; presumimos inversiones multimillonarias mientras numerosas colonias enfrentan deficiencias de infraestructura y servicios; hablamos de competitividad mientras persisten problemas de movilidad, inseguridad, crecimiento urbano desordenado y cuestionamientos sobre transparencia y capacidad institucional.

La competitividad no puede medirse solamente contando pasajeros, habitaciones o inversiones. También debe preguntarse cuánto permanece cada visitante, cuánto gasta, qué percepción se lleva y, especialmente, cuánto de la riqueza generada por el turismo termina convirtiéndose en mejores salarios, vivienda, transporte, seguridad, infraestructura y calidad de vida para quienes habitan el estado.

Ese es el punto que el discurso oficial suele omitir: crecimiento turístico no significa automáticamente desarrollo.

Septiembre debe entenderse como una advertencia, no como una sentencia. Quintana Roo conserva enormes fortalezas, pero precisamente por ellas debemos exigir políticas públicas a la altura de su importancia económica.

Las preguntas relevantes son otras: ¿estamos recuperando competitividad frente a nuestros competidores internacionales?, ¿diversificamos suficientemente la economía?, ¿mejoramos realmente la movilidad de Cancún, Playa del Carmen y Tulum?, ¿existe una estrategia estructural contra el sargazo?, ¿estamos fortaleciendo seguridad, transparencia e instituciones?, ¿la prosperidad turística está mejorando la vida de quienes sostienen esta industria?

Los buenos indicadores deben reconocerse, pero no convertirse en propaganda.

Porque un destino exitoso no garantiza por sí mismo un gobierno eficaz. Y el verdadero desafío para Quintana Roo no consiste en presumir el éxito construido durante décadas, sino en demostrar que tiene instituciones capaces de conservarlo.

La competitividad también se pierde. Y cuando un gobierno confunde promoción con resultados, cifras con bienestar y propaganda con desarrollo, puede descubrir demasiado tarde que mientras celebraba sus propios discursos, otros destinos ya estaban compitiendo por los turistas que creíamos seguros.

 

Bitácora de viaje LXXI

por NellyG 2 septiembre, 2026

     “EL DINERO HUELE BIEN, VENGA DE DONDE VENGA”.

                                                                                JUVENAL

 

Hola, soy Juvenal; Decimus Junius Juvenalis, para los más quisquillosos. Fui el último de los poetas satíricos de la Edad de Plata. Tal vez me conozcas por  expresiones como “Pan y Circo” o “¿Quién vigila a los vigilantes?” o quizás “mens sana in corpore sano”.  Creo que es menester salir de mi retiro para justificar la frase con la que el articulista inicia su tan gustada columna (elogio de mi parte como gentileza para este pobre hombre). El original en latín fue inspirado (aunque lo nieguen mis envidiosos detractores con aburridas disertaciones) en la costumbre de imponer cargas fiscales hasta por respirar que, por lo que veo, dos mil años después, la sociedad actual tiene la manía de preservar. Mucha recaudación, y pocos resultados. Me basé en el emperador Vespasiano, cuando decidió tasar los baños públicos (éramos razonablemente limpios, aunque la esponja de mar con la que nos aseábamos salva sea la parte, era compartida con el compañero de junto que también se esforzaba por deshacerse de la carga extra), su hijo Tito (sí, aquel que arrasó con Jerusalén y puso orden a los rebeldes judíos) le increpó haciéndole ver lo raro e injusto del impuesto. Vespasiano tomó un denario y se lo dio a oler a su ansioso vástago. ¿Huele feo?, preguntó. A nada, respondió el impulsivo muchacho. Entonces, continuó el padre, pecunia non olet. El dinero no huele (traduzco para los hablantes de una de las lenguas producto del latín vulgar). Yo lo arreglé un poquitín. Ya saben que la crítica social y política se me daba muy bien. Es naturaleza humana, tengo entendido y con base en mi experiencia, no hacer gestos a la fortuna cuando llega, aunque tenga orígenes, digamos, poco claros o cuestionables. Dicho lo anterior, regreso el control del papiro al escribiente habitual mientras me vuelvo a mi retiro en el Hades para seguirme burlando. Vuestro turno…

Gracias. En fin. Con el espacio que me queda, recuérdenme nunca utilizar una frase de Fidel Castro; no terminaríamos jamás.

Sin discusión, y desde que se inventó la acumulación de la riqueza y el poder que conlleva, es una cuestión de escrúpulos si la moneda huele mal o no. Desde la antigua Roma y más atrás, la rapacidad ha estado presente, aunque generalizar tampoco sería lo correcto. Cuando el diario vivir de millones de personas se dividió entre la izquierda y la derecha, a veces radical, a veces con matices y alianzas, las cosas se polarizaron aún más. Ambos lados del espectro socioeconómico han probado esa rapacidad y ambos, a pesar de las trampas retóricas e ideológicas, se han dedicado al acaparamiento de bienes. Ya sea de un Estado controlador de los medios de producción (y de comunicación) y por ende de sus ganancias o la libre empresa tomando decisiones hasta en política y libre representatividad, ambos han probado que la ambición estará siempre muy por encima del cuidado del único planeta que tenemos disponible. Como ejemplo, Mr. Trump, que teniendo a su disposición a las mentes científicas más brillantes del mundo con un chasquido digital, sigue manteniendo la postura escéptica sobre el tema comprobado una y otra vez del cambio climático. No es dato trivial que, si el resto del mundo consumiera al ritmo que consume la población de los Estados Unidos, necesitaríamos unos cinco planetas como la Tierra para cumplir con la demanda global. Y la línea se está acercando rápidamente al rojo.

¿Se reduce todo (y perdón por ser un vil reduccionista) a educación, principios y valores?

Me queda claro que detrás de un político corrupto que facilita a empresarios corruptos, y en donde su sistema olfativo para apreciar el mal olor de los billetes y cuentas bancarias sucias, ha sido atrofiado por el exceso de endorfinas, existe un trasfondo familiar en donde la negligencia, la ignorancia y el desdén por el bienestar de la sociedad son el ejemplo cotidiano mientras su pequeña o grande burbuja no tenga grietas; y eso ha sucedido una y otra vez en regímenes tanto de derecha como de izquierda.  Finalmente, los partidos políticos que abrazan este tipo de ideologías son tan promiscuos, que, a cada giro del péndulo social, sus sábanas huelen a distintos perfumes; algunos, nauseabundos.

Y en medio…  estamos tú, Juvenal y yo.

Confiar en todos es insensato, pero no confiar en nadie es neurótica torpeza. Esta otra frase de nuestro “invitado” del mes, la he colado yo. El año entrante vienen elecciones muy importantes para el país y todavía no entendemos para qué sirve tener una cámara de diputados. Seguimos, porque así le ha convenido a nuestros próceres, viviendo en la inopia intelectual y creyendo que el puesto más importante de un país sano democráticamente, es el Ejecutivo federal. ¿A que no sabías que “primer mandatario” (o mandataria) significa el primero en cumplir con las órdenes del “primer mandante”? En ese tamaño de obscuridad hemos vivido durante siglos. ¿Y quién rayos es ese primer mandante? Pues tú, Juvenal y yo. Por eso el gran equilibrio para no tener Vespasianos que se vuelvan locos y empiecen a querer inventar impuestos hasta por las esponjas de los baños públicos, ha sido dividir el poder entre quien legisla, quien verifica que esa legislación no tenga interpretaciones y sea justa y quien ejecute el mandato de la ley y no se torne en un ejecutor de sus propios caprichos. Independientes unos de otros.

You say you want a Revolution? Well, you know, we all want to change the world…

No. No necesitas armas. Tan solo información. ¿Por qué crees que les ha convenido mantenernos así?  Guiño guiño.

Iñaki Manero.

Escena poscrédito: En un lugar de Palenque, Chiapas, cuyo nombre no quiero escribir, hay un curandero que alivia fuertes gripas presidenciales con tos y fiebre en menos de un fin de semana. Prodigioso.

Viene Gustavo Petro a México

por NellyG 2 septiembre, 2026

 

 

Gustavo Petro escogió México para su primera visita fuera de Colombia, tres semanas después de dejar la presidencia, y en medio de un fuerte debate por la posibilidad de que busque arraigarse en el extranjero para evadir posibles procesos judiciales.

Como presidente, Petro comprometió dos veces a Sheinbaum, al afirmar que la presidenta fue miembro de la guerrilla marxista colombiana M-19, que secuestró a 394 personas y asesinó muchas de 1974 a 1990, según el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Comisión de la Verdad.

“Claudia es, fue, miembro del M-19. Es decir, que para quienes no quieren dos tazas, ahora el M-19 ha dado dos presidentes en América Latina: ella y yo”, dijo Petro en 2024. La presidenta dejó pasar la infidencia, en su característica habitual de cabeza fría sin entrar en debates.

Petro insistió en 2025 en que Sheinbaum sí era miembro del M-19, al pedirle hallar dos cantantes colombianos que luego aparecieron muertos en el Edomex: “Solicito a la presidenta Sheinbaum, mi amiga y compañera de lucha desde el M-19, lograr que aparezcan con vida”.

Sheinbaum aclaró que “nunca fui miembro del M-19, sólo apoyé a los movimientos de solidaridad con Colombia”. Ahora, Petro vuelve a México, para hablar sobre la ideología marxista: ¿Será cuidadoso con Sheinbaum como expresidente, si no lo fue como presidente?

Sí, porque Petro es todo menos prudente y actúa cual chivo en cristalería. Como presidente, culpó a México de la crisis económica de Colombia: “Nuestro peso se devaluó, porque los dólares de la cocaína ahora se quedan en México”.

Aunque esta vez carece del fuero judicial que le daba a su lengua suelta la investidura presidencial, y su viaje deja caliente la política colombiana, pues la creencia general es que, esta visita a México, es su primer paso para un exilio voluntario, o la búsqueda de asilo político.

El presidente De la Espriella acusó formalmente a Petro ante la Fiscalía General con 80 casos detallados por corrupción administrativa en su mandato (2022-26). Y la Comisión de Investigación y Acusaciones de la Cámara de Representantes tiene 200 folios abiertos en su contra.

Tras apoyar al tirano Ortega en la OEA, lo menos que necesita la 4T hoy en la presencia de Petro, aunque sea en calidad de un conferencista más de los tantos que vienen al país a hablar de lo que gusten, y sea cual sea la ideología que practiquen.

Sin embargo, los conferencistas que no gustan son expuestos en la Mañanera, como son los casos de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid; el periodista español Javier Negre; el consultor argentino Fernando Cerimedo.

El capital confía, pero el modelo exige evolución

por NellyG 2 septiembre, 2026

 

 

Quintana Roo volvió a colocarse en el primer lugar nacional en la Cartera de Inversión Turística al primer cuatrimestre de 2026. Según la Secretaría de Turismo federal, el estado concentra el 20% del monto total programado en el país, con una cartera estimada en 8 mil 300 millones de dólares distribuidos en 58 proyectos. El total nacional suma 773 proyectos por más de 42 mil millones de dólares. Le siguen Nayarit (19%), Jalisco (12%) y Baja California Sur (9%).

Estos números no son un accidente. Reflejan la confianza del capital privado —nacional y extranjero— en la capacidad del Caribe Mexicano para generar retornos, atraer visitantes y sostener una industria que sigue siendo el principal motor económico del estado. Proyectos de gran escala como la expansión de Xcaret (alrededor de 700 millones de dólares), renovaciones masivas de cadenas como Hyatt, nuevos desarrollos de Excellence Group y RIU, además de la apuesta de Royal Caribbean en Costa Maya, aunque está en stand by, ilustran la magnitud de las apuestas en curso.

Sin embargo, el liderazgo en inversión también plantea preguntas estratégicas. La mayor parte del capital sigue orientándose hacia el modelo tradicional: más habitaciones, más resorts integrados y más infraestructura de hospedaje. Si bien esto genera empleo y derrama inmediata, profundiza la dependencia de un solo sector y concentra el riesgo en la zona norte y centro del estado. El sur, pese a proyectos anunciados, sigue rezagado en consolidación real de inversión de alto impacto.

Además, el entorno regulatorio y social se ha vuelto más exigente. Casos como el de Perfect Day México en Mahahual muestran que la licencia social y ambiental ya no son trámites menores. La oposición ciudadana, la revisión de autoridades ambientales y la creciente sensibilidad en torno a manglares y arrecifes obligan a los desarrolladores a incorporar desde el diseño criterios de sostenibilidad más rigurosos. El capital que no internalice estos costos corre el riesgo de enfrentar retrasos o cancelaciones.

El verdadero reto no es atraer más inversión, sino dirigirla mejor. Quintana Roo necesita que una parte creciente del capital se oriente hacia la diversificación: turismo de naturaleza y comunitario (como el modelo Maya Ka’an), infraestructura de soporte, productos de mayor valor agregado y proyectos que generen empleo de mayor calidad fuera de la construcción y el servicio básico. La conectividad (Tren Maya, aeropuertos y eventuales mejoras logísticas en el sur) ofrece una ventana de oportunidad, pero requiere planeación y certidumbre de largo plazo.

En resumen, el liderazgo de Quintana Roo en inversión turística es una fortaleza innegable y un activo de competitividad nacional. Pero también es un recordatorio de que el volumen de capital no garantiza por sí solo un desarrollo equilibrado ni resiliente. La pregunta que debe hacerse el estado —y el capital que llega— ya no es sólo “cuánto se invierte”, sino “en qué, dónde y con qué modelo de retorno social y ambiental”. Esa es la frontera que definirá si el liderazgo actual se traduce en ventaja estructural o en vulnerabilidad acumulada.

 

Diversificar para crecer

por NellyG 2 septiembre, 2026

Vivimos momentos críticos y convulsos en el entorno internacional que nos obligan a revisar la resiliencia de nuestra economía y de nuestro entorno cotidiano. Ya no hay espacio para la rigidez ni para el statu quo en la dinámica económica de nuestras comunidades y regiones. En el caso de América del Norte, la discusión que desató la revisión del T-MEC nos obliga a repensar muchos aspectos de nuestro futuro económico, tanto a nivel nacional como estatal.

Los tres países socios han entrado en una espiral de incertidumbre derivada de las decisiones del actual gobierno de Estados Unidos. A ello se suma la crisis en Medio Oriente y sus efectos colaterales sobre el precio del petróleo, que han derivado en incrementos considerables en los combustibles, los productos agrícolas y, en general, en el costo de vida. También debemos considerar el encarecimiento de productos básicos, la persistencia de la inflación y la creciente incertidumbre entre los consumidores.

Por otro lado, está el debate en torno a los aranceles como herramienta de presión por parte de Washington. Hay que decirlo con claridad: este tema llegó para quedarse. La realidad es que el presidente Donald Trump y su equipo de asesores lograron sembrar la duda sobre los efectos reales del libre comercio en el centro de la agenda política estadounidense. De hecho, puede anticiparse que, aun si los demócratas recuperaran la mayoría en el Congreso en futuras elecciones y eventualmente la Casa Blanca, los votantes seguirán revisando con lupa los efectos positivos y negativos de la apertura comercial. Para el ciudadano común, la palabra “arancel” tiene una connotación negativa y, para el gobierno en turno en Estados Unidos, se ha convertido en una vara para medir fortaleza política y económica.

En este contexto de incertidumbre económica, que impacta de manera directa a México, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha impulsado una estrategia alternativa para enfrentar los riesgos asociados al T-MEC: el denominado Plan México. Su objetivo es fortalecer la industria nacional para que pueda crecer y competir en los mercados internacionales. La intención es loable, pero para que el sector empresarial invierta se requiere generar confianza en las instituciones, construir un clima de negocios acorde con los desafíos actuales y, sobre todo, establecer incentivos reales para la inversión productiva.

A nivel local, el reto también es mayúsculo. En Quintana Roo vivimos una crisis turística que no puede ignorarse. El turista estadounidense viaja hoy con mayor cautela y preocupación por su futuro económico. A ello se suma la constante retórica de ciertos medios conservadores en Estados Unidos, que presentan a México como un destino inseguro y riesgoso para el viajero. Además, el problema recurrente del sargazo y la creciente competencia de otros destinos del Caribe configuran un escenario particularmente complejo.

Ante esta realidad, resulta indispensable pensar en la diversificación de la economía estatal con una visión de largo plazo, especialmente de cara al inicio de una nueva administración en 2027. En ese sentido, el Distrito Financiero Cancún representa una oportunidad estratégica para atraer inversiones vinculadas al sector tecnológico y a la industria financiera. La creación de un polo de desarrollo orientado a las tecnologías de la información, la innovación, los servicios corporativos, así como a la industria de convenciones y espectáculos, podría convertirse en un motor adicional de crecimiento para la entidad.

Aunque se trata de un proyecto aún en desarrollo, el Distrito Financiero de Cancún puede convertirse en una valiosa herramienta de diversificación económica y en una apuesta sólida para fortalecer la competitividad y resiliencia del estado frente a los desafíos de un entorno global cada vez más incierto.

 

 

 

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Delitos sexuales, denuncias falsas

por NellyG 2 septiembre, 2026

Resulta grave, gravísimo, la incidencia de formas y modos de presentar denuncias por violación y todo lo que refiere a delitos sexuales, ya que sólo es necesario la acusación para proceder energéticamente y sin perder tiempo a la captura del acusado, muchas veces inocente.

La doctora Jassive Morales García sostiene que el aumento en la visibilidad de las víctimas, así como los movimientos feministas y de derechos humanos, ha impulsado un cambio significativo en la forma en que la sociedad percibe y aborda estos crímenes. Sin embargo, un tema que sigue siendo objeto de polémica es el de las falsas denuncias de delitos sexuales. Este fenómeno ha sido utilizado en diversos discursos, tanto para desacreditar a víctimas reales como para sembrar dudas sobre la legitimidad de las acusaciones. A pesar de que las estadísticas sobre falsas denuncias son mínimas en comparación con las denuncias legítimas, el sistema penal mexicano enfrenta serios desafíos para equilibrar la protección a las víctimas con la garantía de un proceso justo para los acusados.

La narrativa de las falsas denuncias ha generado un debate polarizado. Por un lado, hay quienes argumentan que las denuncias falsas son un problema significativo que podría ser utilizado por personas malintencionadas para dañar la reputación y la vida de otros. Por otro lado, defensores de los derechos de las víctimas insisten en que este tipo de denuncias es extremadamente raro y que, de hecho, lo que prevalece es el subregistro de denuncias por miedo a la estigmatización o a la revictimización. Esta dualidad de perspectivas complica el análisis sobre el impacto de las falsas denuncias y plantea interrogantes sobre cómo el sistema penal mexicano debe enfrentarlas.

Uno de los principales retos para abordar este tema es la falta de datos claros y fiables. Las estadísticas sobre denuncias falsas de delitos sexuales en México son escasas, y muchos estudios internacionales coinciden en que el porcentaje de denuncias falsas en este tipo de delitos es bajo, generalmente entre el 2% y el 10%. Sin embargo, en el imaginario colectivo, el miedo a ser falsamente acusado sigue siendo una preocupación latente, en gran parte alimentada por los medios de comunicación que, en ocasiones, destacan estos casos excepcionales y los presentan como si fueran la norma.

En México, el Código Penal Federal no define de manera precisa lo que constituye una “denuncia falsa”, lo que añade un grado de ambigüedad al tratamiento de estos casos. Sin embargo, el artículo 247 establece penas para aquellos que, “con conocimiento de su falsedad, hagan una denuncia o querella”. Este tipo de acciones puede ser castigado con prisión y multas, lo que demuestra que el sistema jurídico mexicano reconoce la gravedad de las denuncias falsas. Pero el reto radica en diferenciar de manera efectiva entre una denuncia legítima que no llega a una condena por falta de pruebas y una denuncia realizada con la intención de perjudicar al acusado.

El proceso judicial para un delito sexual en México es largo y complicado, tanto para la víctima como para el acusado. Las víctimas enfrentan múltiples obstáculos, como el estigma social, la falta de confianza en las autoridades y el temor a no ser creídas. En muchos casos, las víctimas optan por no denunciar o desisten de sus acusaciones en etapas tempranas del proceso debido a la hostilidad o la indiferencia que encuentran en el sistema. Esta realidad contrasta con la narrativa que presenta a las víctimas como aprovechadas que buscan dañar a otros, cuando en realidad, son ellas quienes enfrentan la mayor cantidad de riesgos y desventajas al alzar la voz.

A pesar de la baja prevalencia de denuncias falsas, el sistema penal mexicano ha sido criticado por su falta de sensibilidad y formación especializada para manejar adecuadamente las denuncias de delitos sexuales. Existen numerosos casos documentados donde las víctimas han sido sometidas a un proceso de revictimización durante la investigación, lo que no sólo desalienta a otras víctimas a denunciar, sino que también puede crear una falsa impresión de que muchas denuncias son dudosas o infundadas. Este trato deshumanizante puede reforzar la idea de que las víctimas exageran o inventan sus testimonios, perpetuando estigmas dañinos en torno a las denuncias de delitos sexuales.

En muchos casos, las acusaciones de delitos sexuales que involucran a figuras públicas o casos mediáticamente relevantes son cubiertas de manera sensacionalista. Esto no solo distorsiona la realidad de las denuncias en términos de estadísticas y contexto, sino que también contribuye a la creación de una narrativa que favorece la duda hacia las víctimas. Si bien es cierto que se han documentado denuncias falsas que han tenido un impacto devastador en la vida de los acusados, los medios de comunicación a menudo ignoran o minimizan la prevalencia de las denuncias legítimas que no reciben justicia.

El sistema penal mexicano ha buscado implementar reformas que mejoren la respuesta a las denuncias de delitos sexuales, como la creación de unidades especializadas en violencia de género y la adopción de protocolos para investigar con perspectiva de género. Sin embargo, estas reformas siguen enfrentando barreras estructurales. La corrupción, la falta de capacitación adecuada y la sobrecarga de trabajo en el sistema judicial dificultan la implementación efectiva de estas medidas. Además, el enfoque punitivo del sistema de justicia mexicano tiende a centrarse en la condena como medida de éxito, lo que a veces puede generar presiones indebidas para obtener resultados, en lugar de centrarse en una investigación rigurosa y equitativa.

A la luz de estos desafíos, es esencial que el sistema penal mexicano avance hacia un enfoque más equilibrado que garantice tanto la protección de las víctimas como los derechos de los acusados. Un paso importante en este sentido sería la recopilación de datos más precisos y desagregados sobre las denuncias falsas, con el fin de establecer un marco de referencia más realista sobre su prevalencia. Además, es necesario fortalecer los protocolos de investigación para asegurar que cada denuncia sea tratada con la seriedad que merece, pero sin caer en prejuicios que puedan afectar injustamente a una de las partes.

Aunque las falsas denuncias de delitos sexuales son un tema legítimo de preocupación, su prevalencia es significativamente menor de lo que se suele creer. El verdadero desafío radica en cómo el sistema penal mexicano puede mejorar su capacidad para diferenciar entre denuncias legítimas y falsas, sin caer en la revictimización de quienes realmente han sufrido agresiones sexuales. Al mismo tiempo, es crucial garantizar los derechos de los acusados y evitar que el miedo a las falsas acusaciones se convierta en un pretexto para deslegitimar las denuncias reales y perpetuar la impunidad. La justicia penal debe ser capaz de navegar estos terrenos complejos con un enfoque centrado en la equidad, la dignidad y la verdad.

 

 

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