La corrupción no nos permite crecer ni soñar

por Latitud21 Redacción

 

Como ya se ha dicho y escrito tan trilladamente, nuestro querido México lo tiene todo, una riqueza inconmensurable. En este hermoso país hay volcanes nevados, ríos, valles y lagunas que podrían inspirar al mejor pintor; atardeceres rojos casi indescriptibles y qué decir de sus playas, lo mismo en el Mar Caribe con un azul turquesa que en las obscuras olas del océano Pacífico; pero tenemos también ciudades y pueblos coloniales, encantadores pueblos mágicos, con historia, arqueología, cultura, gastronomía y arte culinario reconocidos mundialmente.

En turismo somos en teoría una potencia que, según el discurso oficial, regresó al Top Ten, es decir que estamos entre los 10 primeros receptores de turismo del mundo. Personalmente no me creo el cuento de que mágicamente pasamos en un año del 15 al 10, pero allá ellos y sus cifras maquilladas. Sin embargo, no deja de ser un gran dato. Tenemos un Cancún y una Riviera Maya orgullo entre los destinos turísticos de toda América, sin dejar de lado a Los Cabos y Puerto Vallarta.

Resulta que también producimos petróleo, y aunque esté a raquíticos 20 dólares el barril sigue siendo fuente de riqueza para la nación. Hay oro, plata, minerales, extensos y envidiables litorales, enormes tierras para cultivos y un clima envidiable la mayor parte del tiempo.

A pesar de esa inconmensurable pléyade de atractivos y riquezas, y de todo nuestro potencial de crecimiento, México, aunque con una economía estable, sigue obstaculizado y detenido ante las recurrentes crisis económicas que sin lugar a dudas obedecen a la corrupción, ese tremendo lastre que no nos permite crecer ni soñar con otros horizontes.

México es un país corrupto con cifras escandalosas, con leyes hechas a modo para favorecer la discrecionalidad, la extorsión, el engaño, y lamentablemente la corrupción forma parte de nuestra cultura. No estaba tan equivocado Enrique Peña Nieto cuando así lo afirmó, aunque ese no debería ser un pretexto para no erradicarla.

Es corrupto el que me lee, que le da su “mordida” al oficial de tránsito, el que tiene un “diablito” instalado en su casa para pagar menos energía eléctrica, el que fomenta dádivas en pequeña escala y el que se beneficia de los grandes y jugosos contratos.

México no crece porque hay corrupción, extorsión y tráfico de influencias en todos los ámbitos y en todos los niveles. Funcionarios y políticos se benefician en lo personal, y llegar al puesto por lo tanto es como llegar al botín, y casi no existe mexicano que no sueñe o ambicione con llegar a semejantes alturas.

Gobernadores, diputados, senadores, jueces, agentes del Ministerio Público, alcaldes, secretarios, directores, policías y hasta burócratas de poca monta se benefician del sistema creado y diseñado no para robar sino para extorsionar; y que  no se alarme nadie, no estoy descubriendo el hilo negro, esto es vox populi, lo que ocurre es que los políticos y funcionarios públicos corruptos, que son la mayoría, son cínicos, descarados y tienen piel de elefante.

Extranjeros se suman también al escenario. Grandes inversiones de capital del exterior se llevan a cabo al amparo de la corrupción y el tráfico de influencias.

Una vez le preguntaron al exalcalde de Medellín, Colombia, quien hizo una tremenda transformación positiva en esa ciudad, durante una de sus conferencias por México, cómo había hecho para lograr tan impresionante obra, y su respuesta fue clara y contundente:

“Pues realmente fue fácil, con el impuesto predial, el chiste está en no robárselo”…

 

México es un país muy rico tremendamente pobre…

 

Una solución sería participar en política, pero es casi imposible; el sistema está diseñado para que los ciudadanos no puedan acceder y la maquinaria se perfecciona cada vez que hay un ligero asomo de democracia o de participación ciudadana. Las candidaturas realmente ciudadanas son una falacia, y quienes lograron algo como “El Bronco”, hoy gobernador, no son realmente ciudadanos.

Pero no está todo perdido, querido lector, hay un antídoto contra la corrupción, se llama Transparencia y la podemos construir.

En Quintana Roo estamos haciendo historia, al participar como Ciudadanos Organizados en la construcción de una Ley que debidamente homologada con la Ley General deberá promulgarse en los primeros días de mayo y será el primer gran paso, la primera piedra de un enorme edificio que nos permita algún día erradicar el mayor lastre de nuestro querido México, la corrupción.

 

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