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Revista Latitud 21
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Verano, diplomacia y turismo: los desafíos de Quintana Roo

por ahernandez@latitud21.com.mx 4 agosto, 2026

 

Cada temporada vacacional de verano representa una especie de examen para Quintana Roo. No sólo se mide la capacidad de recibir millones de visitantes, sino también la eficacia de las políticas públicas en seguridad, movilidad, infraestructura y promoción turística. El éxito de la principal industria del estado depende cada vez menos de su extraordinaria riqueza natural y más de la calidad del entorno que los gobiernos son capaces de garantizar.

Las cifras de ocupación hotelera y llegada de turistas mantienen a Quintana Roo entre los principales destinos de América Latina. Sin embargo, detrás de esos resultados persisten desafíos que no pueden ignorarse: congestionamientos viales, problemas de abastecimiento de agua en algunas zonas, episodios de violencia que afectan la percepción internacional y una infraestructura urbana que comienza a mostrar signos de saturación.

En este contexto se produjo la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. Más allá del protocolo, representa una oportunidad para atender las necesidades de un estado que aporta una parte fundamental de las divisas turísticas del país y cuya competitividad depende de decisiones federales en infraestructura, seguridad, conectividad aérea y promoción internacional.

Pero las giras y los anuncios deben traducirse en resultados. Quintana Roo requiere inversiones estratégicas, coordinación entre los tres órdenes de gobierno y una política de seguridad que genere confianza. El turismo es especialmente sensible a la percepción de riesgo: una crisis mal atendida puede afectar meses de promoción y miles de empleos.

Al mismo tiempo, México enfrenta un escenario internacional complejo con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Aunque suele vincularse con la industria y el comercio, también impacta al turismo. La estabilidad económica, la inversión extranjera y el desempeño de las economías de Norteamérica influyen directamente en el principal mercado emisor de visitantes hacia Quintana Roo.

La hotelería quintanarroense ha demostrado capacidad de adaptación frente a crisis económicas, huracanes, pandemias y cambios en las preferencias del mercado. Ha invertido miles de millones de pesos para mantener estándares internacionales de calidad y competitividad. Sin embargo, el esfuerzo empresarial no puede sustituir las responsabilidades gubernamentales; ambas partes deben trabajar de manera coordinada.

La competitividad turística exige ciudades funcionales, servicios públicos eficientes, certidumbre jurídica y seguridad. El visitante evalúa toda la experiencia: desde el tiempo que tarda en salir del aeropuerto hasta la movilidad, la limpieza de los espacios públicos y la tranquilidad con la que disfruta sus vacaciones.

Quintana Roo sigue siendo el motor turístico de México, pero ese liderazgo debe renovarse constantemente. El Caribe compite con destinos que invierten de forma agresiva en infraestructura, innovación y sustentabilidad. La mejor promoción continúa siendo un destino seguro, bien administrado y con servicios de calidad.

Este verano ofrece una oportunidad para reflexionar. La visita presidencial, la revisión del T-MEC y el desempeño de la temporada turística forman parte de una misma ecuación: la competitividad del estado depende tanto de las decisiones nacionales como de la capacidad local para preservar su principal activo.

El verdadero reto ya no consiste únicamente en atraer más turistas, sino en garantizar que Quintana Roo siga siendo un destino al que millones de personas quieran regresar y donde quienes viven del turismo encuentren condiciones para prosperar.  

  

Competir sin atajos

por ahernandez@latitud21.com.mx 4 agosto, 2026

 

La polémica por el examen de admisión de la UNAM trasciende por mucho una discusión tecnológica. No se trata únicamente de determinar si algunos aspirantes utilizaron Inteligencia Artificial para obtener una ventaja indebida o si la universidad deberá repetir la prueba. Lo que realmente está en juego es la confianza en el mérito como punto de partida para formar a quienes dirigirán el país en las próximas décadas.

Por primera vez en su historia, la UNAM aplicó completamente en línea su examen de ingreso a licenciatura. Lo que buscaba ampliar el acceso para miles de jóvenes terminó convirtiéndose en una controversia nacional, tras resultados considerados atípicos, la suspensión temporal de inscripciones y la instalación de una Comisión Técnica que revisará la validez del proceso.

Pero el verdadero problema no es la tecnología.

La Inteligencia Artificial no decidió hacer trampa. Fueron personas quienes optaron por utilizarla para obtener un beneficio que no habían ganado con preparación. La IA es una herramienta; el dilema sigue siendo profundamente humano.

Durante años hemos repetido que la educación es la base del desarrollo. Sin embargo, pocas veces pensamos en el momento donde ese desarrollo comienza a construirse: el ingreso a las universidades. Ahí empieza la formación de quienes dentro de algunos años diseñarán hospitales, impartirán justicia, crearán empresas, investigarán nuevas tecnologías o tomarán decisiones desde el servicio público.

No estamos hablando únicamente de estudiantes. Estamos hablando de los futuros líderes de México.

Si el acceso a esa formación se contamina por el fraude, el daño no solo alcanza a quienes fueron desplazados injustamente. También compromete la calidad del capital humano que sostendrá la economía, las instituciones y la competitividad del país.

La competitividad no comienza cuando llega una inversión o se inaugura una obra de infraestructura. Empieza mucho antes, en las aulas donde se forman las personas que harán posible ese crecimiento. Ninguna economía puede aspirar a ser más productiva si normaliza que el esfuerzo vale menos que el engaño.

Las naciones más competitivas comparten un rasgo fundamental: confían en sus instituciones y en sus procesos de selección. Las empresas invierten donde encuentran talento; las universidades generan conocimiento cuando el mérito prevalece; la innovación prospera cuando las oportunidades dependen de las capacidades y no de los atajos.

El caso de la UNAM deja además una lección inevitable. La Inteligencia Artificial llegó para quedarse y transformará prácticamente todas las profesiones. El desafío no consiste en combatirla, sino en aprender a utilizarla con responsabilidad. Debe potenciar el aprendizaje, no sustituirlo; ampliar capacidades, no reemplazar el esfuerzo.

Quizá la universidad determine que hubo irregularidades, quizá repita el examen o quizá valide la mayor parte de los resultados. Cualquiera que sea la decisión, el episodio ya dejó una advertencia: la mayor amenaza no es la Inteligencia Artificial, sino la tentación de convertirla en un instrumento para debilitar el mérito.

Porque el examen más importante no era el de admisión a la UNAM. Es el que México presenta como sociedad para decidir si quiere construir su futuro sobre el conocimiento, la honestidad y la preparación, o sobre los atajos que, tarde o temprano, terminan pasándole la factura a la competitividad del país.  

   Bitácora de Viaje LXX

por NellyG 3 agosto, 2026

 

 

Una leyenda urbana de la Guerra Fría cobró vida a principios de los sesenta con aquella crisis de los misiles que estuvo a punto de provocar que en lugar de escribir esta columna, se la enviara a mi editor por señales de humo si es que algo sobrevivía. Stanley Kubrick cooperó con el mito y estableció en su película Doctor Strangelove, esta famosa línea de comunicación entre el Premier de la Unión Soviética y el Presidente de los Estados Unidos. A todo mundo le pareció natural. Era muy lógico que durante la referida crisis nuclear, tanto Kennedy como Krushov se entendieran de una manera directo a través de, sí, un teléfono rojo directo.  Todo perfecto, pero, pequeño detalle: es un mito. La comunicación en aquel entonces era por medio de mensajes encriptados vía telégrafo que podían tardar hasta doce horas. Esa espera le pudo costar su existencia a la especie humana.  Hoy, luego del más eficiente télex vía cable y más adelante por satélite y otros medios directos e inmediatos se evitan retrasos y malinterpretaciones; no hay como entrar a las redes sociales y enterarnos de chismes entre países que antes formaban parte de la hermética política internacional y alimentaban la imaginación de escritores como Ian Flemming.  Dispárenme un Martini con vodka, porfa.

Las líneas directas, teléfonos rojos, hotlines o como les quieras llamar, son clásicas en la narrativa de las relaciones políticas, diplomáticas o empresariales. En México, en los medios de comunicación, siempre se habló de que los dueños de los medios masivos, electrónicos o impresos, tenían una línea directa con Los Pinos (para las nuevas generaciones, fue la residencia oficial del Presidente desde finales de los años treinta, hasta el capricho de 2018). Cuando un periodista editorializaba o daba una nota, la redactaba o se publicaba y ésta no era del agrado del poder,  solía esperarse la “línea” para recordarle al empresario de los medios, que el papel con el que se imprimía, llegaba únicamente de un negocio manejada por el gobierno; que el aire por donde viajan las ondas de radio y televisión, son propiedad de la nación y la emisora o el canal, a menos que perteneciera al Estado, eran concesionadas y ese permiso podía ser revocado.  “Ahí le encargo, querido amigo. Con el ánimo de seguir trabajando juntos, creo que nos entendemos, ¿no cree?” Me imagino a un secretario de Gobernación setentero disparando esa perorata al empresario porque uno de sus periodistas se puso rebelde, se sintió Woodward y Bernstein y quiso probar la libertad de expresión de la que gozaban los colaboradores de Washington Post o New York Times. Luego de tremendo regaño, el colega terminó sus días cubriendo fuentes más asépticas como sociales o espectáculos.  Sí, eran los años aquellos del “calladitos nos veíamos más bonitos” y tanto los titulares de los diarios impresos, como los electrónicos, por lo general llevaban una declaración o una actividad del señor presidente. Los años maravillosos de la dictadura de partido en donde nada salía mal.

Por eso, algunos trasnochados, cultivados en las mañas de esos días, siguen añorando las delicias de la impunidad sin freno y la complicidad matraquera de quienes se ganan la vida informando y que estén dispuestos a morder la jugosa manzana del árbol oficialista. Su labor es hacer circo y desviar balas; guaruras mediáticos, podríamos llamarles. No, no es la primera vez que nos quieren espantar con el petate del occiso. La posibilidad de una “ley mordaza”, desde que las audiencias se volvieron más y más exigentes y comprometidas con la elección de su propio destino, parece por momentos alejarse de la costa merced a un mar de fondo social que arrastra mar adentro el peligro del autoritarismo. Peeeerooooo…

Siempre está el antojo de quienes no tienen llenadera y fueron los segundones en la cadena alimenticia. Al llegar y plantar la bandera, se contagian del peligroso virus de la intransigencia y se olvidan que llegaron gracias a un proceso democrático en donde hablaron las mayorías. A partir de entonces, dejar hablar a éstas es lo que tratan de evitar a toda costa.

Ante los ojos y oídos del mundo hiperconectado, las extorsiones del pasado hacia la prensa y la expresión libre de las ideas tuvieron que hacerse más, mucho más sutiles. Es cierto que inteligentemente para evitar baños de sangre (aunque tuvieron resbalones que los exhibieron como el 68 y el 71), el sistema abría válvulas de escape cuidadosa e inteligentemente situadas que a su vez, mantenían al pueblo de buen humor y alejado de los temas coyunturales con los caricaturistas políticos, los programas radiofónicos y televisivos de Lechuga y Salinas o desde antes, las arengas y los sabrosos sketches cómicos de monologuistas como Jesús Martínez “Palillo” y las carpas.  Era esa  sagacidad de la dictadura de partido que nunca tuvieron otros gobiernos totalitarios menos imaginativos y que recurrían frecuentemente a la desaparición, la tortura, la masacre. No quiere decir que los nuestros nunca llegaron a esos extremos, pero para mantener la paz social que tanto presumieron durante casi setenta años, había que echar mano de otras herramientas.

Hay un relevo generacional, ni qué dudarlo. Esta transición deja la herencia de los viejos que vivieron el antiguo régimen heredando a los nuevos las añejas tretas y las modificándolas para adaptarse al formato de los presentes y futuros votantes que garantizarán la sobrevivencia del “Reich” por los siglos de los siglos.  Y un reto es callarnos la boca sin que parezca que nos callan la boca. Si no te pueden maicear y hacerte pasar al lado obscuro, siempre estará el desprestigio ante el foro nacional de un programa mañanero diseñado para vender espejitos, difamar, victimizarse, soltar a la jauría dogmatizada de la granja y hacerte pedazos.  Mientras lo disfrazamos como “derechos de las audiencias”.  Aunque, sin duda, todavía está el recurso romántico y en alguna jefatura de redacción sonará un hipotético teléfono rojo.

 

IÑAKI MANERO

 

Escena poscrédito: Dicen que esos dos andan buscando sentarse en otra banca de la colonia Tabacalera. El mal no muere, solo se transforma.

 

 

EU sube la parada y Cuba cierra el dominó

por NellyG 3 agosto, 2026

 

Cuba sufre el síndrome de las dictaduras: una falta absoluta de imaginación. Y maldad de infierno

EU explicó por qué capturó a Maduro y colocó a Cuba en el rango estratégico geopolítico de Venezuela:

Dijo Trump: “Si combinas EU y Venezuela, tenemos 62% del mercado mundial del petróleo. No necesitamos el estrecho de Ormuz en Irán”.

Dijo Marco Rubio: “Cuba nos importa, porque está a 90 millas de nuestras costas y tiene un impacto directo en nuestra seguridad nacional”.

 

Resumen:

–EU tomó Venezuela, porque necesitaba controlar más de la mitad del mercado mundial del petróleo. Venezuela valía la pena un ataque militar, aun permitiendo al chavismo, siempre que sea funcional para EU: Venezuela vale todo, por su petróleo.

–EU sigue abierto a la negociación con Cuba, pero Cuba no parece tomarlo en serio: cree que EU blofea, como le diagnosticó erróneamente a Maduro. Hasta que EU entró, se llevó a Maduro y mató a sus 32 escoltas cubanos.

–Pero Cuba vale la pena para EU por su situación geográfica y tener drones iraníes, que alcanzan hasta Atlanta y hasta el Canal de Panamá; y China posee en La Habana cuatro bases, que espían todo el este de EU.

 

Irán y China son garantes militares de Cuba hoy, como la ex URSS hasta 1990. México es garante en dinero, diplomacia y redes de solidaridad mundial. Con Irán, EU está en guerra; y para anular a México le basta un apretón económico, o agarrarle un narco.

El apoyo de China a Cuba sí es problema para EU, porque EU busca una buena relación con China. El líder chino, Xi Jinping, planea una fastuosa visita de Estado a EU en septiembre, y Trump fue en China en mayo.

Aunque Marco Rubio explicó ayer que la relación de EU con China no será a expensas de la presencia de EU en América Latina. Y Cuba le apuesta todo a que China preferirá sus bases en La Habana, a comerciar con EU.

Cuba también se la juega con sus drones iraníes (que llegan a Miami y al canal de Panamá), lo cual demuestra que, a sus 95 años, Raúl Castro vive atascado en la Crisis de los Misiles de 1962.

Entonces, su hermano Fidel Castro le pidió al líder soviético, Nikita Jruschov disparar bombas atómicas en EU: “No permita que EU sea el primero en lanzar un ataque nuclear; sea usted”, escribió el 25 de octubre de 1962.

Jruschov respondió el 30 de octubre: “Su propuesta es equivocada, aunque comprendo sus razones. EU hubiera sufrido enormes pérdidas y Cuba se hubiera quemado en los fuegos de la guerra. Luchamos, pero no para morir, sino, más tarde, poder ganar”.

Cuba sufre el síndrome de las dictaduras: una falta absoluta de imaginación.

 

Y maldad de infierno.

IA en empresas de cincuentones

por NellyG 3 agosto, 2026

 

 

El título puede sonar un poco discriminatorio, pero refleja una realidad: muchas empresas consolidadas, con al menos diez años de operación, están dirigidas por hombres y mujeres cuyas edades rondan los cincuenta años. Casualmente, soy una de ellas. Empezaré por establecer algunos hechos. Nosotros somos una generación de transición. Nos tocó presenciar la llegada del teléfono celular, de las computadoras personales y de internet, y hemos intentado mantener el paso frente a cada avance tecnológico.

En nuestras empresas hemos contratado a personas más jóvenes que nos han ayudado a comprender e implementar herramientas digitales para mejorar la productividad. Pero —y es un gran PERO— ahora nos encontramos frente a la inteligencia artificial. He tomado varios cursos de Chat GPT y ya sentía que empezaba a entenderlo y a obtener resultados muy buenos. Pero ahora me salen con que ya está obsoleto y que hay que usar Claude. ¡Por Diossss! ¿Y ahora por dónde empiezo?

Hablando con varios de mis coetáneos, también empresarios, descubrí que muchos estamos como “chícharo en jarro”, frase de mi abuela que utilizaba para describir la desproporción entre un entorno macro y un asunto micro.

Corremos a conferencias con títulos tan rimbombantes como: “Lleva tu negocio a la era digital con IA”, “Lleva tu negocio de cero a cien en tres días con inteligencia artificial” o uno de los más enigmáticos: “Elimina la contratación y logra que tu negocio opere con IA”.

Aún no me he topado personalmente con una empresa que funcione sin personas, aunque, si uno cree en los miles de anuncios que aparecen en Instagram, TikTok o en cualquier plataforma utilizada para mantenerse conectado con las redes sociales, esas empresas ya existen. Dicen que operan mediante “agentes”; es decir, entes virtuales capaces de ejecutar los procesos que se les encomiendan. Estoy segura de que esto puede ser real, pero ya quiero ver que llamen a un agente para que cambie la tarjeta electrónica del aire acondicionado. El agente podrá explicarte cómo cambiarla, pero todavía no tiene manos para hacerlo.

¿Qué nos espera?

La verdad es que me siento un poco perdida en un mar de información, cursos, gurús digitales y afirmaciones que pueden ser verdaderas, exageradas o completamente falsas. Me queda claro que estamos presenciando otro gran cambio y estoy segura de que nos adaptaremos, como lo hemos hecho durante todos estos años. Lo que me preocupa es quién —o qué— dirigirá las empresas del mañana.

¿Será un ente virtual?

Ese ente podrá tener una inteligencia extraordinaria, pero me preocupa que dejen de priorizarse el apoyo entre las personas, el trabajo en equipo y la confianza en el crecimiento personal y profesional.

¿Qué nos espera a las empresas del futuro?

Tengo muchas dudas, pero pensemos, por ejemplo, en lo siguiente: un agente de inteligencia artificial tiene costos de software, integración e infraestructura. Además, puede cometer errores graves. Sin embargo, también ofrece ventajas muy atractivas: opera continuamente, puede atender varios procesos al mismo tiempo, no renuncia, no exige ascensos, no toma vacaciones, no pierde la motivación y puede mejorar con cada proceso que ejecuta.  Nos encontramos, sin duda, ante una alternativa muy apetecible para realizar tareas generales como redactar un contrato, crear una presentación, analizar un estado financiero, preparar una política, diseñar un procedimiento, investigar una regulación o traducir un documento.

Las herramientas que hemos creado los seres humanos siempre han tenido el propósito de facilitarnos la vida. Pero ahora estamos frente a una herramienta que, además de ayudarnos, comienza a reemplazarnos.

¿Nos reinventaremos? Estoy segura de que sí.

Lo único que me produce un miedo inmenso es que, históricamente, cada vez que hemos creado algo para hacer el bien, también hemos encontrado la manera de utilizarlo para hacer el mal.

Ojalá nuestros nuevos agentes desarrollen una conciencia orientada hacia la creación y una ética verdaderamente inalterable. Eso sí sería un avance espectacular.

 

TMEC y turismo

por NellyG 3 agosto, 2026

 

 

El 1 de julio de 2026, México, Estados Unidos y Canadá iniciaron formalmente la primera revisión sexenal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), conforme al Artículo 34.7. Este proceso marca el comienzo de una nueva etapa de negociaciones sobre el futuro del acuerdo.

Durante la reunión virtual inicial, Estados Unidos notificó que no respaldará, por ahora, la extensión automática del tratado por 16 años adicionales. Esta decisión no implica la terminación del T-MEC, sino la activación de revisiones anuales. En este contexto, el acuerdo permanecerá vigente hasta 2036, mientras los tres países negocian posibles ajustes y mantienen la posibilidad de extender su vigencia en futuras revisiones.

El gobierno de México, a través del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, destacó que el tratado continúa operando con normalidad y sin cambios inmediatos en sus disposiciones comerciales. Asimismo, subrayó la importancia de concluir la revisión en un plazo razonable para brindar certidumbre a los mercados y reducir la incertidumbre empresarial.

Las negociaciones en curso se concentran principalmente en temas como reglas de origen del sector automotriz, comercio de acero y aluminio, seguridad económica regional y fortalecimiento de cadenas de suministro en América del Norte. A finales de julio se llevó a cabo una nueva reunión de alto nivel entre México y Estados Unidos para continuar las conversaciones sobre lo que Estados Unidos le gustaría ver de nuestro país para mejorar el clima de negocios.

A lo largo de las últimas semanas, y en medio de esta conversación, muchos me han preguntado si esta negociación tendrá un impacto en el sector de viajes y turismo. La respuesta es no directamente, ya que este sector no es un eje central de las negociaciones actuales del T-MEC; sin embargo, podría verse afectado de manera indirecta, aquí cito un par de ejemplos:

  • Viajes de negocios: Son el segmento más expuesto, ya que la incertidumbre puede llevar a empresas a posponer inversiones, reduciendo potencialmente los viajes corporativos.
  • Viajes de placer: No se observan impactos directos. Este segmento depende más de factores como tipo de cambio, precios, conectividad aérea, ingreso de los consumidores y percepciones de seguridad.
  • Efectos en México y Canadá: En caso de tensiones comerciales prolongadas, podría haber una disminución del turismo si las condiciones económicas se deterioran. No obstante, la depreciación de la moneda podría hacer a estos destinos más atractivos para visitantes extranjeros.

Durante muchos años he abogado por tener una agenda formal de trabajo entre los actores del sector de los tres países. Los gobiernos deben revisar protocolos y facilitar la internación de turistas, acelerar el visado, buscar ejercicios de promoción conjunta y garantizar un flujo ordenado y seguro. En el caso de los sectores privados, ya existe un primer acercamiento que dio el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) en semanas recientes con sus contrapartes tanto en Estados Unidos como en Canadá.

 

Escribe:

Rubén Olmos Rodríguez

CEO de Global Nexus

Analista y Consultor Internacional

@rubenolmosr

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