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Revista Latitud 21
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El nuevo muro

por NellyG 1 junio, 2026

 

Por: Sergio León Cervantes

X: Oigres14 |Email:  sergioleon@sergioleon.mx |IG: @sergioleoncervantes

 

 

Durante décadas, México creyó que su relación más delicada con Estados Unidos estaba en la frontera. El muro, la migración, los aranceles o el narcotráfico parecían ser el centro de la tensión bilateral. Pero algo cambió. Y probablemente aún no hemos dimensionado su verdadero alcance.

Donald Trump acaba de abrir un nuevo frente: el financiero.

La discusión ya no gira únicamente alrededor de deportaciones o impuestos a las remesas. Hoy el debate empieza a trasladarse hacia el control bancario, la vigilancia financiera y el acceso de millones de migrantes al sistema económico estadounidense. Y eso podría convertirse en uno de los mayores puntos de presión rumbo a la renegociación del T-MEC.

Estados Unidos descubrió algo antes que México: las remesas no son solo dinero. Son poder.

México recibió 64,745 millones de dólares en remesas durante 2024, un nuevo récord histórico. El dato es brutal: equivale aproximadamente al 3.5% del PIB nacional.

Más delicado aún: 96.6% de esas remesas provienen directamente de Estados Unidos. Solamente desde California y Texas salió casi la mitad del dinero enviado a México.

En términos simples: México depende profundamente del dinero generado por sus migrantes en territorio estadounidense.

Y el problema no es menor.

Las remesas ya compiten con el petróleo, el turismo internacional y parte de la inversión extranjera como una de las principales fuentes de divisas del país. Pero además sostienen algo todavía más importante: la estabilidad social.

En México, uno de cada nueve hogares recibe remesas. En regiones del Bajío y Occidente, la proporción sube a uno de cada seis hogares.

En estados como Chiapas, Guerrero, Michoacán o Zacatecas, las remesas representan entre 10% y 14% del PIB estatal.

Es decir: hay estados enteros cuya estabilidad económica depende directamente del dinero enviado desde Estados Unidos.

Y precisamente ahí aparece la vulnerabilidad.

Trump entendió que para presionar a México no necesariamente necesita cerrar la frontera. Le basta con tocar el flujo del dinero.

La nueva estrategia republicana ya no se limita a plantear impuestos a las remesas. Ahora comienza a construirse un modelo mucho más sofisticado: endurecer controles financieros, obligar a bancos a revisar ciudadanía y estatus migratorio, elevar requisitos de identificación y aumentar la trazabilidad de operaciones.

El mensaje es claro: la frontera ya no solamente es física. Ahora también puede ser bancaria, digital y fiscal.

El argumento oficial es seguridad nacional. Washington mezcla cada vez más en una sola narrativa migración, lavado de dinero, narcotráfico, control fronterizo y sistema financiero. Y cuando un tema entra al terreno de seguridad nacional en Estados Unidos, las herramientas de presión se multiplican.

El riesgo para México es enorme.

Un impuesto de apenas 1% sobre remesas podría representar alrededor de 650 millones de dólares menos al año para familias mexicanas. Un escenario de 3.5% implicaría pérdidas cercanas a 2,200 millones de dólares anuales. Y eso sin considerar el efecto psicológico del miedo financiero.

Porque el verdadero riesgo probablemente no está en el impuesto.

Está en el precedente.

Millones de migrantes podrían comenzar a abandonar bancos, utilizar efectivo, recurrir a terceros o migrar hacia mecanismos informales por temor a vigilancia financiera o restricciones migratorias. Paradójicamente, una medida diseñada para controlar operaciones podría terminar fortaleciendo redes clandestinas y debilitando la bancarización.

Y aquí aparece el verdadero trasfondo geopolítico.

La revisión del T-MEC ya no hablará únicamente de comercio. También hablará de migración, seguridad, inversiones chinas, fentanilo, energía, lavado de dinero y control financiero. Todo empieza a conectarse.

México podría llegar debilitado a la negociación más importante de Norteamérica si no entiende rápidamente que este ya no es solo un debate migratorio. Es un reacomodo de poder.

Durante años pensamos que nuestra principal dependencia frente a Estados Unidos era comercial.

Hoy descubrimos que también es financiera, social y migratoria.

Y quizás ahí está la reflexión más dura de todas:

El nuevo muro de Trump podría no construirse con concreto.

Podría construirse con bancos.

¡Hasta el próximo mes con más retos y oportunidades!

Sin miedo a la cima porque el éxito ya lo tenemos

 

 

El estilo del embajador Ron Johnson

por NellyG 1 junio, 2025

 

 

En las casi tres décadas que llevo cubriendo los asuntos de la relación bilateral México-Estados Unidos, nunca había visto un equipo de gobierno tan robusto y con experiencia tan marcada en el hemisferio occidental como el equipo que presentó en las últimas semanas la administración de Donald Trump. Empezando por el secretario de Estado y también consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Marco Rubio (exsenador cubanoamericano); del subsecretario de Estado, Christopher Landau (ex embajador de EUA en México); del Enviado Especial para la Región, Mauricio Clavere- Clarone (ex consejero de Seguridad de la Casa Blanca -cubanoamericano) y por supuesto, el embajador Ron Johnson quien ya entregó sus cartas credenciales a la presidenta de la México. Aunado a este equipo en la primera línea de mando se agrega un cuerpo de funcionarios de carrera con experiencia en la región. 

¿Quién es Ron Johnson y por qué ha causado tanta intriga su llegada como embajador a México? Tradicionalmente los puestos de embajadores (en la gran mayoría de las capitales importantes para los intereses de Estados Unidos) están reservados para aquellas personas que aportaron una buena cantidad de dinero a la campaña presidencial, a políticos, o a personajes cercanos a la familia presidencial. En un segundo grupo aparecen personajes con características sui-generis o con alguna especialidad dependiendo el país, y el tercer grupo es para diplomáticos de carrera. Johnson es parte del segundo grupo.

Johnson ha sido un militar condecorado, boina verde (entrenamiento en las fuerzas especiales) con años de servicio en la CIA en misiones cercanas a América Latina y exembajador en El Salvador en una época cuando ese país atravesaba una de las peores crisis de seguridad en su historia. De hecho, se criticó mucho a Johnson durante su comparecencia en el Senado su cercanía con el presidente Bukele, un personaje cercano al presidente Trump, pero controvertido en muchos rincones del mundo por el uso de la fuerza y potenciales violaciones a los derechos humanos en su intento por eliminar el crimen y las mafias. 

Mi lectura es que Johnson fue propuesto como parte de una terna de perfiles para la misión de México y el presidente Trump se inclinó por él por su perfil “policiaco” y su cercanía con el grupo del secretario Marco Rubio (la esposa de Johnson es cubanoamericana) con una historia similar a la familia de Rubio. 

En varias reuniones recientes Johnson ha delineado una agenda con 5 ejes de trabajo con México: seguridad y migración y agilizar la frontera de manera segura; revisión del TMEC; innovación e impulso a la agenda “America First”; neutralización de China y su avance en México y América Latina, y finalmente, protección de los intereses (empresas) norteamericanas en México.

En conclusión, llegó a México un embajador cercano al “grupo de poder” de seguridad nacional y política exterior de Trump. Un exmilitar y exfuncionario de la CIA con conexiones directas a la milicia y al mundo de la inteligencia que conoce bien nuestro país. Estimo un diálogo franco, directo y hasta cierto punto tolerante, pero firme. 

 

¿Norte o Sur?

por NellyG 1 octubre, 2021

Escribo estas líneas a pocas horas de haber concluido la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) cuya presidencia pro-tempore recae actualmente en México. Hay que hacer un análisis sobre las implicaciones políticas y económicas de esta apuesta que ha hecho el gobierno del presidente López Obrador de retomar el liderazgo y ser la voz cantante en la región. Vivimos una difícil coyuntura global por los efectos del Covid, la crisis migratoria que afecta a los países del Triangulo Norte y el relanzamiento del Diálogo Económico de Alto Nivel con Estados Unidos y por ende el dilema de qué tanto nos ve Washington cerca de la izquierda radical y partidarios de gobiernos antagónicos al suyo. La gran pregunta es si nos conviene apostarle en su totalidad hacia el norte, como lo marca nuestra balanza comercial, o hacia el sur.

La CELAC nació en Caracas en 2011 como mecanismo intergubernamental para el diálogo entre los 33 países de América Latina y el Caribe. Lo cierto es que siempre buscó hacerle contrapeso a la Organización de Estados Americanos (OEA), visto como un brazo operador de Estados Unidos. 

La presidencia pro-tempore de nuestro país se da en un momento complejo, no sólo porqué los países que conforman este bloque son los que peor les ha ido con el Covid. La región vive un momento de cambio político sin precedentes entre la izquierda y la derecha que ha trastocado el actuar de una sociedad civil cada vez más participativa, y, por si fuera poco, Centroamérica vive la peor crisis de migración irregular e inseguridad. La apuesta del canciller Ebrard era primero mostrar músculo en la convocatoria y aunque el espectáculo se lo llevaron Cuba, Venezuela y Uruguay, los acuerdos finales de la CELAC muestran que la Cancillería Mexicana entendió bien la coyuntura, sacó temas rasposos de la agenda -como la desaparición de la OEA- y en el discurso de Obrador se incorporó la necesidad de profundizar la relación económica con América del Norte.

Nuestra presidencia concluirá en dos meses y la retomará Argentina, otro gobierno de izquierda con cuyo presidente López Obrador tiene buena relación.

AMLO se sintió cómodo con los discursos antagónicos de sus colegas, es su espacio de confort, siempre lo ha sido. Pero también noto a un presidente que en estos primeros tres años de gobierno ha llegado a entender tanto con Trump como con Biden que nuestros intereses comerciales y geopolíticos, así como nuestra vecindad y seguridad están anclados hacia el norte; quizá su ideología no lo esté, el gran reto es un balance entre ambos.

Postdata. En su primera reunión con las compañías navieras de Estados Unidos, la alcaldesa de Cozumel, Juanita Alonso, les garantizó diálogo y entendimiento para dar seguimiento a lo que se alcanzó en los últimos tres años. Una buena noticia sin duda.

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