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Revista Latitud 21
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Inna German Gómez

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El sufrimiento empresarial

por NellyG 2 marzo, 2026

 

 

Quisiera comentar con todos ustedes un tema que nos ha traído sin dormir a muchos empresarios: Incrementos de impuestos y carga social.

Parecerían temas normales del día a día empresarial, pero en realidad es un tema mucho más complejo, que se refleja en muchos aspectos afectando profundamente la estructura social.

Hacer los pagos de regulaciones municipales al alza (basura, licencias de funcionamiento, REPSE, Imoveqroo, Impuesto de Nómina, permisos de letreros, entre muchos otros que se pagan en cada industria individual), los impuestos federales y los incrementos en carga social, se refleja en el costo del bien o servicio que ofrece la empresa.

Las empresas que ofrecen servicios son las más afectadas, porque su producto es el recurso humano; sin embargo, ofrecer a los clientes aumentos de 30% a veces es inviable. Las empresas que cumplen con la regulación establecida se ven en desventaja contra un comercio semi-informal. Muchas empresas para ajustar costos optan por despidos o dejan de contratar servicios en áreas de calidad o capacitación, que a la larga significa simplemente dejar esa cadena virtuosa de crecimiento entre empresas.  Si pensamos a largo plazo la tendencia será negativa: en lugar de generar más empleo, más riqueza, se pagan costos de una sobre regulación gubernamental.  Es decir, el gobierno se vuelve el socio incómodo de las empresas, no genera nada y cuesta mucho.

Me pregunto ¿el gobierno es consciente de esta situación? No hay dinero que les alcance para operar, tienen muchos gastos que en muchos casos están ejercidos ineficientemente. Así que cobran más a las empresas ordenadas y cumplidas. ¿No deberían mejor centrarse en lograr una eficiencia administrativa que haga una reducción de sus costos operativos? Siento que existe un círculo vicioso, por ejemplo, como gobierno, pongo un impuesto sobre el tamaño de las ventanas de las oficinas (no les doy ideas, jajaja), pero ahora hay que contratar varios supervisores, coches, escaleras y hacer una revisión de todas las ventanas. Todo ese es sumar al costo de operación y ¿Cuánto dinero realmente entra a las arcas de la Tesorería? ¿Realmente esa nueva regulación tiene un beneficio en el aspecto de la comunidad?, ¿El tamaño de las ventanas afecta realmente en la operación de las empresas?

Me imagino a alguien respondiendo ‘es que hemos detectado que las ventanas grandes generan un mayor consumo de luz y eso afecta la capacidad de distribución de CFE, por eso nos hemos puesto a la tarea de reducir el tamaño de las mismas… las oficinas sólo pueden tener ventanas que cumplan con un objetivo específico, no afectar a los pobres y las malditas empresas ricas afectan, por eso regularemos esos tamaños. Pero eso generará más empleos, porque ahora las empresas deberán contratar albañiles para achicar las ventanas’.  Hmmm, entonces las empresas se vuelven el responsable de todos los males y se les fuerza a realizar actividades que no generan valor.  Ojalá, de verdad empecemos a hacer análisis reales de qué es lo que se logra con tanto impuesto.

 

El fin del mundo

por ahernandez@latitud21.com.mx 1 diciembre, 2025
  • Mirada empresarial
  • Inna German Gómez
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El título del artículo suena fatalista, pero es una realidad. Nuestro mundo termina, por lo menos lo que hoy conocemos. La inteligencia artificial, las nuevas supercomputadoras, las generaciones que han crecido con un teléfono en la mano desde que tienen uso de razón, cambios en los liderazgos económicos mundiales, el dinero como brújula, grandes capitales concentrados en pocas compañías, pobreza y enfermedad que no disminuye… En fin, sí nos esperan cambios sustanciales en la dinámica humana.    

Siempre como humanidad, una de nuestras características principales ha sido la adaptabilidad, diferentes entornos y aquí seguimos. Así que sucederán muchos cambios y la humanidad sobrevivirá, ¿Cómo seremos? No puedo predecir el futuro, pero sí veo un atisbo y observo desde mi corta visión cosas muy positivas, pero también otras las veo muy negativas.  

Cosas positivas: La inteligencia artificial logrará hacer eficientes muchos procesos y el nivel de subjetividad relacionada con sentimientos o información sesgada será prácticamente nulo, lo que permitirá decisiones más objetivas. Aplicando a procesos burocráticos gubernamentales y haciendo estos apegados al propio sistema, la corrupción puede reducirse. Aplicada a la toma de decisiones empresariales, estas serán mucho más acertadas ya que se tendrá acceso en segundos a una mayor cantidad de información disponible.

Cosas negativas: Se pierde la humanidad, si todo se hace en función de priorizar ganancias y obtener más dinero se dejarán de lado valores tan importantes como la honradez, la empatía y la capacidad de gestión por el bien mayor. 

¿Cómo serán los nuevos humanos? Aquellos que han vivido en mundos irreales o se han creado entornos idílicos en las redes sociales, humanos desapegados a interacciones sociales, humanos que toman decisiones preguntando a un chat gpt, en fin, ahora sí que esos humanos ya no serán los humanos que somos ahora; no quiero decir con esto que seamos mejores o ellos peores, sólo quiero remarcar que serán muy diferentes.  Sí nos preocupa el gap generacional, yo no me imagino hablando con algún nieto (aún no lo tengo y a lo mejor no lo tendré), me aterra pensar que su capacidad de análisis mental sea tan diferente a la mía que nuestro nivel de entendimiento sea casi nulo. Ya hoy en día me pasa cuando le pregunto a alguien más joven por qué le pareció importante poner en redes un video de ellos mismos haciendo algo que cuestiona su cordura mental y su respuesta me resulta totalmente críptica: -Porque así voy a tener más seguidores-. Así que me voy al chat gpt a preguntarle -digo para entender un poco-, y su respuesta me resulta sumamente acertada: Búsqueda de atención y validación, impulsividad o estados emocionales alterados, confusión entre notoriedad y reputación. 

Así que termino esta pequeña reflexión expresando que espero que cuando hablen de mí sea porque mi reputación me precedió. 

¿Personas o Sistema?

por NellyG 5 noviembre, 2025

 

 

Cuando empecé este artículo tenía varios temas en la mente. Sin embargo, muchos de ellos ya los sabemos, errores cometidos en la dirección y rumbo de nuestro país por nuestros funcionarios públicos en materia de seguridad, finanzas, salud… todos vemos el caos y ni Chespirito nos podrá ayudar.

Tuve que ir en lo personal a hacer un trámite a una dependencia gubernamental, y para mi sorpresa, el que me atendió, una sonriente jovencita de unos veintitantos años hizo lo posible por resolver el tema. Siguió el incongruente proceso establecido y resolvió la situación con puras ganas y sin recursos.  Así que esto me llevó a preguntarme: ¿Qué estará mal, el sistema o las personas?

Platiqué con ella y estaba convencida de que podía cambiar las cosas y que además había personas que pensaban como ella; lo malo era que no tenían recursos, cosas tan simples como unas sillas cómodas, computadoras en buen estado, un aire acondicionado que no goteara y dejará de servir a las pocas horas, escritorios que no estuvieran a punto de caerse. En fin, todos hemos estado o visitado dependencias de gobierno y sabemos las dolencias. Pero lo que más llamó mi atención es que mencionó que si de verdad todas las personas del departamento hicieran su trabajo, todos los casos quedarían resueltos al día; ya que algunos de sus compañeros, sobre todo los más antiguos ya no hacían nada y eso atrasaba todo. ¡Y no solo eso!, la regañaban por ser eficiente porque ponía en evidencia su ineficiencia.

Así que pensé que a lo mejor esos que llevaban ya tiempo habían llegado con el entusiasmo de querer servir y hacer cambios, pero el mismo sistema, el día a día de llegar a un lugar sucio, mal mantenido y con un ambiente hostil, los fue mermando hasta convertirlos en los burócratas que son ahora.  Y ni hablemos de la corrupción, a pequeña o gran escala también se ha enquistado en el sistema burocrático de cualquier trámite. ¿Cómo salir de ese círculo? Lo único que se me ocurre pensar es que debemos cambiar primero nosotros como usuarios y exigir un poco más, generando iniciativas de cambio. Si los presupuestos de los municipios y estados contemplan mantenimiento y compra de mobiliario, ¿no podríamos preguntar de vez en vez qué han hecho con ese dinero? Para cambiar algo que lleva mucho tiempo mal, se necesita ver el problema inicialmente y aunque todos, y digo todos lo vemos, muchos cerramos los ojos y otros navegamos sobre la ola de la ineficiencia, es probable que la naturaleza de nuestros funcionarios empezó con la noble causa de realmente ayudar a la comunidad y de pronto fueron atrapados en el lado oscuro de la fuerza. ¿Qué necesitamos para cambiar esto? Creo que cambiando nuestra propia mentalidad para realmente generar acciones de liderazgo, aunque pequeñas, pueden lograr grandes cambios.

Seguridad, justicia  e infraestructura

por ahernandez@latitud21.com.mx 1 octubre, 2025
  • Mirada empresarial
  • Inna German Gómez
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Hace algunos días mi querida amiga Sikaru (así es su nombre y ella misma, como hermosa heroína de un cuento fantástico), me recordó el libro de Alma Delia Murillo, ‘Raíz que no desaparece’. Lo leí hace prácticamente un mes, lo desaparecí de mi mente, lo borré de mi repertorio y no quería recordarlo. Un libro que habla de las madres buscadoras, esas mujeres incansables en la búsqueda de sus hijos o hijas. Jóvenes arrancados de su familia y esfumados. ¿Dónde están? Fosas clandestinas, hoteles de mala muerte, cosechando a punta de pistola… nadie sabe. Mi memoria decidió ponerse en huelga y no manifestar conocimiento alguno sobre lo leído. Cuando me lo recordó me volvió la opresión en el pecho. ¡Yo también soy madre! Una historia sobre sueños de dolor y a pesar de ser ficción refleja la realidad que estamos viviendo hoy en nuestro país. 

Hace poco ha estado circulando un video en redes donde una persona habla de que un Estado debe proveer 3 cosas: seguridad, justicia e infraestructura; sin pensar en ideologías políticas, ni si somos derechos o zurdos. Si un Estado no garantiza la seguridad de sus ciudadanos qué nos queda, sin la certidumbre de una fuerza que controle la violencia ¿Cómo vivimos? La justicia: si prolifera el mal y no hay consecuencia, se volverá costumbre; cada día se multiplica la impunidad y sin leyes que regulen nuestro actuar, no existen ganas de invertir, comprar, crecer y hasta soñar. La infraestructura es básica; todos queremos tener en nuestras casas agua potable, luz, transporte, en fin, todo aquello que nos hace pensar en prosperidad.  Si el Estado se preocupara realmente por proveer estas 3 cosas, todo lo demás genera un círculo virtuoso.  

En el informe de personas desaparecidas publicado por la red Lupa, esta a su vez auspiciada por el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia A.C. establecen que hay más de 100,000 personas reportadas como desaparecidas. Si esto no resulta alarmante, imaginen que la edad de la mayoría de las mujeres desaparecidas es entre los 15-19 años. ¿Dónde estamos como sociedad?, ¿Por qué perdemos a nuestros jóvenes? De verdad que debemos empezar a buscar respuestas. Nuestro gobierno debe empezar a escuchar a las madres buscadoras, trabajar con ganas para frenar este tema que cada día crece y crece. Como país sólo reflejamos la incompetencia de no poder contener una violencia que nos arranca de las manos la prosperidad, el crecimiento y a nuestros propios hijos.    

Educación o Civismo

por ahernandez@latitud21.com.mx 1 septiembre, 2025
  • Mirada empresarial
  • Inna German Gómez
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En el diccionario de la Real Academia Española si buscan la palabra ‘Educación’ dice: Instrucción por medio de la acción docente. Cortesía, urbanidad.

Y si buscamos la palabra ‘Civismo’: Celo por las instituciones e intereses de la patria. 

Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia públic. Pero ambas son sinónimos una de otra. 

¿Por qué empiezo un artículo dando definiciones de un diccionario?  La respuesta es porque parece que en nuestro país se han olvidado ambas palabras. Nuestros representantes de elección popular, llámese senadores y diputados, las han borrado de su vocabulario; peor aún, no consideran que deban ser parte de su comportamiento de vida.   

Los cargos de representación popular requieren de trabajo y compromiso, la responsabilidad de representar a cientos de mexicanos con necesidades particulares en función a su lugar de residencia es inmensa. Los senadores y diputados son los responsables de dar certeza jurídica a nuestro país, mediante la modificación y creación de leyes en función a las diferentes necesidades que tenemos todos. Ahora con la moda de los ‘influencers’, nuestros elegidos confunden su misión. Deben recordar que fueron votados para representarnos, no para ser populares. Hay momentos en que me siento como el famoso juego de ‘serpientes y escaleras’: vamos felices avanzando, tiramos el dado y nos toca una casilla con una serpiente que nos manda casi al inicio del tablero. Así estamos ahora tirando dados y cayendo casillas. Me gustaría saber en realidad cuantas propuestas de leyes realmente provechosas propusieron nuestros representantes, ¿Cuántos cambios, necesarios, hicieron en las ya existentes? La tecnología sigue avanzando y aún no tenemos leyes que establezcan directrices en ese sentido, por pensar en un tema en específico, porque son tantos. En lugar de perder la compostura, educación, civismo, urbanismo, cortesía, ciudadanía, finura, y puedo seguir poniendo sinónimos, deberían atender lo importante. Nuestro país necesita tomar un rumbo más certero y eso sólo se puede lograr si nuestros representantes se alinean con las necesidades ciudadanas, fijándose rumbos de crecimiento. Si hay certeza jurídica los capitales llegan y se crea un círculo virtuoso de inversión, creación de fuentes de empleo y más cobros de impuestos. Todos ganamos en ese esquema, pero seguir creando serpientes sólo nos regresa casillas que en la metáfora significa decremento económico.  

Los males del pueblo

por NellyG 4 agosto, 2025

 

 

Están pasando tantas cosas negativas en nuestro país últimamente; tantas, que tengo metido el miedo en el cuerpo, como dicen por ahí. Secretarios de seguridad que resultan ser capos del narcotráfico, cancelación de visas, listas de cuentas en Panamá, desmantelamiento de varias instituciones, reformas legales regresivas, contratos millonarios en donde no se entrega el producto. Todos estos temas son sumamente mediáticos, pero muy dolorosos para mi ego de mexicana. Lo malo es que angustiosamente toda la sociedad está como el chinito: “milando”. ¿Dónde están los activistas sociales?, ¿Las asociaciones civiles empresariales?, ¿Hasta la de derechos humanos?…. Me preocupa que no hay voces, o estas son pocas.

Tenemos todo el cambio en el sistema judicial del país, varios expertos en el tema han expresado duda de su funcionamiento. A mí me apura que se genere una justicia ‘alternativa’ si el Estado no puede cumplir con sus funciones como proveedor de justicia asertivamente, seremos humanos y va a aplicar la ley de la oferta y la demanda. ¿A dónde nos va a llevar eso como país?

En el tema de la falta de atención médica, nuevamente, el Estado ha demostrado su incapacidad para proveer un sistema de calidad y ahora las cadenas farmacéuticas con sus consultorios están entrando al quite; hay muchos puntos de vista e ideas sobre esta situación. Pero la realidad es que no existe una buena atención médica; conozco varios casos, y si preguntamos, seguro que podemos hacer un libro de miles de páginas.

En la película “V de Vendetta” se menciona una frase: “El pueblo no debería de temer  a sus gobernantes, son los gobernantes los que deberían de temer al pueblo”. No sé quien dijo esa frase en realidad, pero al oírla en el guión de la película me pareció que expresaba claramente mis sentimientos y el de muchos, porque no solo yo me siento así, ¿Verdad?. Sin embargo, a pesar de que colectivamente sabemos sobre la capacidad de nuestro voto, de la organización civil, de las miles de anécdotas, fábulas y películas sobre la fuerza de un pueblo, la realidad dista mucho de ese concepto. Nuestra capacidad de unión se ve mermada por la pertenencia (o la sensación) a grupos políticos, religiosos o simplemente por falta de educación. Si dejáramos de lado las diferencias circunstanciales que vivimos podríamos enfocarnos en lo realmente importante: tener un Estado que haga su trabajo eficientemente, regulando lo que sí debe regular (sin mordidas), proveyendo un sistema de justicia efectivo y objetivo, sistemas de salud, transporte, energía… y bueno, la lista puede seguir.  

Pero el principal mal de un pueblo es exactamente eso, ser pueblo, creer con optimismo que todo mejorará, creer que, si elegimos bien, que no nos equivocamos, que seguro llegará el rayo divino que nos salve. Pero la verdad ya me cansé un poco de esperarlo.

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